Las ideas y la simbología de la ultraderecha chilena 2.0 que no podemos permitir que penetre en el fútbol

Por FutbolRebelde.org.-Dentro de poco comenzará la Copa Confederaciones en Rusia, donde participan los vencedores de los respectivos torneos de selección de cada continente y subcontinente, más el próximo organizador del mundial de fútbol, que hace de local. Como sabemos, participará nuestra selección, representando a la Conmebol, como campeón de la última Copa América, realizada en Chile el año 2015.
El hincha de “La Roja”, suele exacerbar sus sentimientos de nacionalismo y “chilenidad” cuando juega la selección, sobre todo si es en torneos importantes o en las clasificatorias al mundial: expresiones mercantilistas que potencian el consumismo, por parte de las empresas auspiciadoras de la ANFP, y otras de tipo chauvinistas, homófobas, racistas, machistas, misóginas y sobre todo xenófobas, se suelen mimetizar en un “todo vale”, bajo la excusa, a estas alturas rancia, del “folklore del fútbol”.
Durante los últimos meses, quizás con la potenciación dada por la asunción de Donald Trump como presidente de EEUU, gracias a un discurso racista y antiinmigración, en Chile, desde el empresario candidato de la derecha, Sebastián Piñera, a grupos nacionalistas más radicalizados, han comenzado a lanzar cuñas o acciones de agitación donde se repiten elementos de este discurso. Muchos políticos chilenos, han asumido implícita y explícitamente el discurso de la ultraderecha, proponiendo medidas como la expulsión de extranjeros que cometan delitos, entre otras cosas. Esto a pesar que las estadísticas demuestran que los extranjeros que delinquen son una mínima proporción del total de hechos delictuales cometidos en el país[1].
En Europa, por ejemplo, bajo esta misma lógica muchas expresiones políticas de ultraderecha, esconden y sortean la cuestión del racismo, sustituyéndolo por una suerte de “culturalismo”, donde igualmente, se expresan la xenofobia, el nacionalismo, el autoritarismo, y la negación de la diversidad.

En nuestro país, la gota que rebalsó el vaso, ocurrió la semana pasada en el Terminal Pesquero de Santiago, cuando un trabajador chileno acuchillo de forma cobarde a un trabajador haitiano, causándole una herida en la musculatura posterior del muslo, que podría haberlo matado. El discurso penoso y patético de otros trabajadores chilenos del lugar, era justificativo de la acción, porque “los negros venían a quitarnos el trabajo”.
El fútbol, como deporte que genera muchas pasiones, es un espacio en disputa para las diversas opciones político-ideológicas, desde las que potencian el apoliticismo y una falsa neutralidad del deporte, junto a las que entendemos el fútbol como espacio comunitario que tiene el pueblo trabajador, y desde el cual aprendemos a respetar a todos los seres humanos, sin distinción de ningún tipo. Pero también es un espacio fértil para quienes creen, que hay seres humanos de primero, segundo y tercer orden.
En esta disputa, las simbologías y los discursos, juegan un rol central en todo este proceso de captación de militantes, simpatizantes y de penetración de ideas.
El nazi-fascismo 2.0 ha llegado a Chile
A continuación, describiremos una serie de organizaciones y simbologías que se encubren bajo discursos xenófobos, nacionalistas y chauvinistas, pero que niegan tener tendencias neonazis y/o fascistas. Esto a pesar de que en la práctica continúan con dichas lógicas, que pertenecen a las ideas que tanto terror y daño causaron a la humanidad. 
La idea de esto, es poder reconocerlas y no permitirles la entrada a la sociedad, a los estadios ni al fútbol popular, porque como pueblos nos confunden, nos separan y nos atomizan aún más, en pos de la lucha que estamos dando desde diversas trincheras, por transformar la sociedad y construir un mundo nuevo basado en la justicia social, el respeto y encuentro de las diversidades, en un contexto amplio de igualdad política y económica.
Los más violentos sí, pero más marginales, continúan reivindicando la simbología clásica del fascismo y el nazismo: son pinochetistas fanáticos –no entienden que Pinochet gestó una dictadura neoliberal, nada cercana a las idearios económicos de los nazis-, y miliqueros, usan la bandera chilena con el escudo y el cóndor del Ejercito de Chile, algunos también la araña de Patria y Libertad.
Típicas también, son la esvástica, la cruz celta, el rayo de las SS, la hoz y el martillo tachadas, una cuerda de ahorcado, la bandera confederada de la guerra civil en EEUU, y una serie de símbolos en que la esvástica se esconde dentro de estos mismos, como por ejemplo, letras del alfabeto rúnico que ese empleó para escribir en las lenguas germánicas, en Escandinavia y las islas Británicas. Estos organizan limpiezas o barridas callejeras,  donde golpean migrantes, vagabundos y homosexuales,  y son visibles porque visten como los clásicos skins “cabezas huecas”, con bototos, suspensores y chaquetas de milicos.
Pero, hay otros sectores de la ultraderecha chilena actual, que apuestan por transformarse en alternativa política y social, probablemente electoral -a la usanza de sus espejos europeos-,  pero que tienen sus matices y diferencias, respecto a la del siglo pasado. Estos los consideramos más peligrosos, ya que pasan “más piola”, y sus ideas suelen entrar más fácil, sobre todo en jóvenes populares de familias más conservadoras, esas que son religiosas y creen fervientemente en el ascenso social.
La primera característica de estos grupos, es que se niegan a sí mismos, al menos públicamente, como ultraderecha, neonazis y/o fascistas, y por ende, también son menos visibles en términos estéticos, ya que visten como la mayor parte de las personas, y sus simbologías no tienen mucho que ver con el nazismo.
Estos grupos adoptan un discurso social crítico del neoliberalismo, pro-capitalismo desarrollista, -a lo Trump, incluso en sus mensajes les hablan a las mayorías: trabajadores, derechos sociales, soberanía-; y populista –haciendo suyos discursos y prácticas que les permitan entrar en ciertas capas sociales chilenas de forma masiva-, fomentando el apoliticismo –ni izquierda ni derecha, los políticos no sirven- y anticorrupción.
Además cambian, al menos en América Latina, los conceptos de raza y nacionalismo por identidad y patria, respectivamente. Acá, percibimos como sobreutilizan un concepto –la patria-, desarrollado por los movimientos de izquierda revolucionaria y antiimperialistas, como una conceptualización diferente al de nación-nacionalismo postcolonial de la derecha, donde la izquierda concibe la patria, como la revolución socialista, plurinacional, por la integración latinoamericana y sustentada en el poder del pueblo y la clase trabajadora: “la patria es américa y la patria es el pueblo, no las burguesías ni las oligarquías”.
Entre estos grupos que apuestan a transformarse en tendencia política,  hay vertientes con simbologías y reivindicaciones históricas diferentes:
Los identitarios, donde se puede observar a dos tendencias, que al parecer se sustentan en una búsqueda constante de justificar su existencia, y si lo queremos ver en una lógica más caricaturizada, es que sus diferencias están basadas en que unos son de origen más “europeo”, “blanco” y “puro”, que los otros.
Entre estos están los que reivindican el criollismo, es decir los hijos de españoles, nacidos en Chile durante el periodo colonial de nuestra historia. Esta lógica podría también ampliarse alos descendientes de colonos que llegaron a Chile en épocas posteriores a la independencia, como los alemanes, italianos y eslavos, que sobre todo se asentaron en el sur y en la Patagonia, hasta mediados del siglo XX.
Acá, Fuerza Nacional Identitaria (FNI), es el principal exponente, cuya simbología, que según ellos mismos describen en sus medios de propaganda, está formada por una bandera azul, que representa “el cielo y lo vertical”; y el blanco que “representa la Identidad criolla”, la que relevan, como “el medio necesario para la generación de una Nación que integre a todos los criollos y les asegure su supervivencia”. Sus letras mezcladas, la “N” (Nación)  y la “I” (con forma de martillo, según ellos, para la guerra y la creación, y que significa identidad),  simbolizan el “gancho criollo”.
Este grupo, usa también como símbolos al “Conquistador español” y la Cruz de Borgoña, bandera española de ultramar (1506-1701); usada irregularmente hasta 1793, como una forma de  reivindicación del hombre blanco que llegó a conquistar América. Esta bandera reivindicada por el franquismo español, es el mismo símbolo de la Compañía Sudamericana de Vapores –que jugó un papel determinante en la historia de Chile, en 1879 durante la Guerra del Pacífico, donde los barcos pasaron a control de la Armada para combate y transporte de tropas e insumos, por orden de las salitreras con dueños ingleses, que tenían sus intereses en que estas quedasen bajo el control del Estado chileno; y luego en 1891, en el golpe de Estado contra el presidente Balmaceda. Es también el estandarte de la ciudad de Valdivia.
El FNI, además en su página, realizó un comunicado de apoyo al partido neonazi griego “Amanecer Dorado”.
En la misma línea identitaria, están los “menos blancos, menos europeos y menos puros”, pero al parecer más chilenos, ya que comienzan su reivindicación ultraderechista, desde la patria vieja en adelante. Se hacen llamar Acción Identitaria (AI), e inicialmente copiaron el símbolo de “Identitarios”, grupo nazi-fascista del Estado español, que es un círculo con dos montañas o triángulos entrecruzándose, con un haz de trigo alrededor.
Luego cambiaron el símbolo, para parecer menos fachos y más renovados, por un Torreón dentro de un círculo, con los colores de la patria vieja: amarillo, azul y blanco. Según sus propias descripciones, colores de “la  bandera de la patria vieja, la primera del Chile emancipado”, donde el torreón representa, “la construcción militar que durante siglos sirvió para defender a nuestro pueblo y a nuestras ciudades de los ataques de aquellos que pretendían invadir y saquear nuestro territorio. Brindando seguridad y refugio a nuestros antepasados”. Nuevamente un símbolo de la ciudad de Valdivia –el torreón- es reivindicado por uno de estos grupos[2].
AI, ha realizado acciones de propaganda aprovechándose de algunas de las catástrofes ocurridas en Chile en el último tiempo –terremotos e incendios-, repartiendo agua, o haciendo como que combaten incendios, mientras se sacan fotos usando camisetas con frases chauvinistas, tales como, “el chileno no se rinde jamás” o dichas por militares chilenos en diversos conflictos bélicos contra los países vecinos (“Muchachos la contienda es desigual”), y otras usadas en jornadas de agitación contra los inmigrantes.
Este grupo saltó a la fama, con una serie de carteles xenófobos pegados en Punta Arenas, donde llamaban, entre otras cosas, a: “En trabajo, salud y vivienda, los chilenos primero”, “No más inmigración ilegal” y a la “Revolución social identitaria”.
El último grupo, es el autodenominado Movimiento Social Patriota (MSP), que sigue con la línea y discurso anterior, pero con más capacidad organizativa, al menos en propaganda, y  más homofóbico, machista, misógino y tratando temas específicos y contingentes.
En una jornada de propaganda en diversos puntos de Santiago, según el MSP, por “la familia y por la patria”, pegaron papelógrafos hechos a mano (al parecer estos quieren ser como los anteriores, pero son de origen más proletario, he ahí lo peligroso), ya que su financiamiento se nota que es menor, pero en su simbología, se apropian de la estrella mapuche de ocho puntas de color blanco, sobre un fondo azul y rojo. Todos colores de la bandera chilena actual.
Entre los lienzos fotografiados se pueden leer consignas tales como “A mis hijos los crío yo, no Llorando Jiménez”[3], “Con mis hijos no te metas, no a la dictadura gay”, “delincuente chileno a la cárcel, delincuente extranjero a su país”, “la única bandera que se iza es la chilena”, “no a la ideología de género” y “la mujer es el alma del hombre”. Algunos carteles llamaban también a recuperar ciertos espacios “para los chilenos”, tal como el mercado Tirso de Molina de Santiago (Recoleta), lugar donde actualmente conviven ciudadanos y culturas de distintos países, a través de la cocina y los alimentos que ofrecen.
Estos hechos fueron denunciados por algunos medios del progresismo, como “El Desconcierto”, “El Ciudadano” y “El Dinamo”, ante lo cual el mismo grupo ultraderechista sacó un video-comunicado conspiranoico, acusándolos de pertenecer a los medios cómplices de una dictadura que no aclaran cual es, y planteando además la negación de lo que son, al decir que “luchar por lo que amas no te hace un neonazi”, con una bandera chilena, rodeo, cueca, familias y niños de fondo, sumando a su argumento a figuras tan disimiles de la historia de Chile, como el guerrillero de los pobres del campo y la ciudad, Manuel Rodríguez, y al dictadorial y autoritarista, Diego Portales.
Casi todo les sirve y todo les vale. Nos imaginamos que por lo mismo, usan la simbología mapuche basado en argumentos que algunos grupos neonazis han dado antes, acerca de que la supremacía de la “raza chilena”, se sustenta en este mestizaje chileno-mapuche, del cual heredamos la bravura del pueblo indigena, al que algunas tendencias neonazis consideran como la pureza máxima de la raza.
Por ejemplo, en una entrevista dada por un miembro del grupo neonazi “Martillo del Sur” a El Mercurio de Valparaíso, este plantea que: “Cuando un mapuche pelea por su etnia, uno dice está bien, están peleando por mantenerse como mapuches…Yo soy tan racista como un mapuche(sic) que está defendiendo su territorio allá en el Sur”[4].
La realidad vivida por el pueblo mapuche es que el único racista en su lucha por sobrevivir ha sido el Estado chileno, bajo el cual no sólo han perdido territorio, sino que incluso en los 80 y 90 muchos descendientes mapuches urbanos, sentían vergüenza de sus apellidos en escritos en mapudungun, producto de la discriminación realizada desde la propia sociedad chilena hacia estos, sobre todo en escuelas y trabajos.
También este tipo de neonazis destacan” las cualidades de los pueblos originarios, de los pueblos atacameños y, sobre todo, de los mapuches, los que son visualizados como “gente de mucho respeto”, el “pueblo de los misteriosos guerreros”[5], entre otras caracterizaciones, buscando así, intentar evidenciar el típico componente místico que todas las ideologías derivadas del nazismo poseen.
En Europa,  grupos como estos han aprovechado la crisis económica y política para ganar adeptos. Por ejemplo, el Hogar Social Madrid, es una casa ocupa nazi-franquista, ubicada en la capital del Estado español, donde se agrupan diversas facciones de estos grupos, y realizan una serie de acciones de “trabajo social” para validarse ante la opinión pública, como repartir alimentos entre los más golpeados por la crisis capitalista. En dicho lugar también, han dado charlas[6] los ultraderechistas venezolanos que viven en España, sectores que hoy quieren derrocar por la violencia y el terrorismo a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela legítimamente elegido por su pueblo.
Este crecimiento, también se ha expresado en el fútbol en el viejo continente, donde el Movimiento contra la Intolerancia, ha planteado como han crecido en número los ultras nazi-fascistas, en España y en el resto de Europa: “Son grupos que van a más, tanto en número como en delitos y en gravedad de los crímenes, y presentan las mismas características que en diferentes partes de Europa: xenofobia, antisemitismo, islamofobia y homofobia”. La ONG ha realizao una estimación de unos 4.000 “incidentes y delitos de odio, en su mayoría contra inmigrantes, personas sin hogar, judíos y homosexuales”, sólo en el año 2014.
El Movimiento contra la Intolerancia destaca que los estadios de fútbol “han servido de vivero” a estas bandas, con la connivencia de clubes “de Primera, de Segunda y de Segunda B”. Además, han aprovechado bien “las redes sociales e internet para difundir su discurso de odio, su propaganda y adoctrinamiento, que es la antesala de la acción violenta”.
Un caso que tuvo mucha connotación pública fue la agresión filmada por un grupo de fachos, donde uno de ellos, ultra hincha del Betis, agrede a un joven vasco que estaba tranquilamente tomando un café en Bilbao. Esto en la antesala del partido de liga, entre el Athletic Club y el equipo andaluz. En España catalanes y vascos por querer independizarse y ser en su mayoría de izquierda, también se suman a la lista de enemigos de este tipo de grupos.
Sectores de la juventud popular, sin educación política, como caldo de cultivo para estos grupos.
Los liderazgos de estos grupos desprecian a los más empobrecidos y a los sectores populares, pero es acá donde encuentran a sus “carnes de cañon”. Los adoctrinan y generan clientelismo político, ofreciéndoles trabajo cuando no lo tienen. Así uno puede observar a muchos jóvenes que tras procesos de preparación física y de técnicas de combate, pasan a ser guardias de discotecas y locales nocturnos, los menos beneficiados terminan trabajando en los “Ekonos”[7] de barrios y poblaciones periféricas, donde con gusto esperan a que alguien realice un “robo hormiga-recuperación” para poder saciar sus ansias de violencia. Si el “ladrón” es negro, moreno o inmigrante mucho mejor para ellos. Otros buscan en universidades privadas para pobres con capacidad de endeudamiento, a sus liderazgos políticos intermedios, desde donde crecen y forman a otros militantes.
Y aquí es donde las hinchadas y los estadios de fútbol se convierten en espacio en disputa al cual no pueden llegar estas nuevas tendencias nazi-fascistas disfrazadas, porque es precisamente juventud popular la que conforma la mayor cantidad de las hinchadas en nuestro país. Salvo en los partidos de la selección chilena donde el público es más proclive a actitudes chauvinistas y ultranacionalistas, porque como las entradas son muy caras para el “hincha dominguero”, van personajes que descargan toda su xenofobia, especialmente cuando vienen las selecciones de países vecinos.
En la Liga de Chile, los hinchas del fútbol son en su mayoría apolíticos, y las hinchadas en general también[8], esto más allá, que los más organizados en estas, sean hinchas con ideales de izquierda, que participan de manifestaciones sociales-populares y contra el fútbol negocio. Pero es el despojo del sentido social y político de los clubes, disfrazado de transversalidad, el que supera diferencias ideológicas, donde en muchos casos, el color de la camiseta pasa a ser más importante que el ideal político personal, al menos durante los noventa minutos que dura el partido.
Desde el sentido común, también hay una sensación de que el barrista esta más izquierdizado, quizás sustentada en la represión que se vive domingo a domingo en los estadios, lo que nos hizo y nos hace darnos cuenta antes que otros que la realidad del Chile post-dictatorial, nunca fue lo bonita que la vendían hacia fuera o creían muchas personas, sobre todo en el periodo de la siesta y el espejismo neoliberal, vivido mayormente en la década de los 90. Porque en los estadios de Chile, la dictadura nunca se fue.
Para finalizar, hay una frase de Durruti, que plantea que “al fascismo no se le discute, se le combate y se le destruye”. Y es en esta línea que la batalla de ideas y el no permitirles ingresar de ninguna forma a los espacios del fútbol popular, se hace crucial. La batalla de ideas no es con los nazi-fascistas, a quienes de seguro no convenceremos, sino con los que podrían convertirse en futuros simpatizantes de dichos grupos, donde es decisivo no normalizar el machismo, la homofobia, los chauvinismos, la xenofobia, el racismo, ni ninguna otra forma de discriminación.
Muchos hinchas organizados de diversos clubes, profesionales y amateurs, realizan diversas acciones y actividades contra estas formas de discriminación y opresión. acciones que se deben ir multiplicando, mientras también vamos transformando nuestras actitudes y entornos, para entender y potenciar el fútbol como un espacio de encuentro popular más que de disputa violenta, ya sea física y/o verbal, con el rival acérrimo o el de turno. Con esto vamos también desalentando conductas fascistoides, en nosotros mismos y en nuestros propios compañeros y compañeras.
A reconocer a los nazi-fascistas 2.0, a funarlos y a expulsarlos…No pasarán!
___________________________________________________
[1] El 1% de los extranjeros en Chile ha sido detenido por cometer un delito – La tercera
[2] No confundir con símbolos del Club Deportes Valdivia, que a veces usan un torreón como símbolo, pero es por la ciudad. Igualmente, esto no significa que entre sus hinchas o seguidores no haya la posibilidad de un germen fascistoide, ya que en la ciudad de Valdivia y toda la región cercana, hubo mucha inmigración alemana en la primera mitad del siglo pasado.
[3] Se refieren a Rolando Jimenez, dirigente de la organización defensora de la diversidad sexual MOVILH.
[4] Líder de neonazis cuenta su verdad – El Mercurio Valparaiso
[5] “Extremismos de derecha y movimientos neonazis: Berlín, Madrid, Santiago”. Caro, Isaac. 2007. Editorial Lom.
[6] El Plural
[7] Los ekonos de barrio vienen a quitarle la clientela a negocios de barrio, siendo un negocio, si bien a menor escala,  muy lucrativo para la transnacional Walmart.
[8] Esta afirmación, comparando Chile con el Estado español, donde se pueden observar hinchadas que en casi su totalidad están formadas por tendencias de derecha, ultraderecha, independentistas de izquierda revolucionaria e izquierda española, donde por ejemplo, los Bukaneros del Rayo Vallecano, marcan la pauta en mostrar dicho compromiso político.

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