El Corinthians del pueblo, campeón de la Libertadores

Dos equipos de enorme arrastre popular rivalizaron por la última Copa Libertadores de América. Ganó el brasileño, que tiene una sorprendente y ejemplar historia vinculada a la mismísima democracia de su país, liderada por el ya legendario Sócrates, figura estelar de la selección brasileña de los años 80.
Si el partido de ida jugado en La Bombonera había sido pesado y cansino, el de vuelta en el Pacaembú de Sao Paulo fue entrecortado, impreciso y feo, aunque ciertamente intenso y emocionante para los torcedores del Corinthians, que están celebrando por primera vez en su épica historia, la obtención de la Copa Libertadores de América.
Boca quiso controlar el juego con iniciativa y siempre con la brújula de Juan Román Riquelme, pero éste que acaba de despedirse del equipo de sus amores por sentirse vaciado de motivaciones, cumplidos sus 34 años, tuvo una actuación plagada de altibajos como ya había sucedido la semana pasada cuando de un balón robado de sus pies nació la jugada para que el apenas ingresado Romarinho anotara el 1-1 al filo de la expiración del tiempo reglamentario.

Corinthians le da al Brasil, por tercer año consecutivo, el principal trofeo sudamericano de clubes (Inter y Santos son los anteriores campeones) con el mérito de un trayecto invicto con un solo gol soportado en puerta propia en condición de local —siete triunfos y seis empates— y haciendo felices a los 33 millones de hinchas con los que cuenta y de los que destaca Luiz Inacio Lula da Silva, ex presidente de Brasil y líder histórico del Partido de los Trabajadores (PT).
Si el Palmeiras es la escuadra de la clase media, el Sao Paulo la de los “niños bien”, el Corinthians es el equipo de la clase obrera —de hecho su estilo de juego pasa por la laboriosidad y el esfuerzo— y los sectores populares.
Corinthians tiene una identidad de profunda vinculación con la historia política social reciente del Brasil cuando en el año 1981, Sócrates y Adilson fueron los cabecillas de “una aventura deportiva, humana, social y política de una coherencia excepcional. Una aventura ejemplar, si el deseo es tener jugadores adultos y responsables, ciudadanos de verdad”. (Revista Al Arco Nº 1, mayo de 2001, Buenos Aires-Argentina).
¿De qué se trata el asunto? Cuando Brasil se encontraba sojuzgada por regímenes dictatoriales, desde el golpe de Estado contra el presidente Joao Gulart (1964), la escena fue dominada por los generales Castelo Branco, Costa e Silva, Medici, Geisel y Figueredo hasta mediados de los 80, cuando se mataba y torturaba a diario y se encarcelaban estudiantes, el jugador Adilson fue preso y presidía la CBF el almirante Helenio Nunez. Pues bien, fue en ese contexto que se inició la “Democracia Corinthiana” con denuncias como esa que señalaba que el 90 por ciento de los futbolistas se encontraba en condiciones inhumanas y el 70 por ciento percibía menos que el salario mínimo.
Fue a partir de ahí que Adilson y el gran Sócrates, recientemente fallecido, consiguieron, a la manera de un sindicato, que los jugadores recibieran el 25 por ciento de las recaudaciones, con todos los componentes del equipo asociados a sus beneficios, incluidos el utilero, el masajista, los médicos y el chofer.  Además, lograron que se les entregara el 20 por ciento de lo percibido por conceptos de esponsorización y derechos de televisión.
Fue tan revolucionario este movimiento futbolístico sindical en plena dictadura, que se lograron conquistas que pasaron por la horizontalización de las relaciones con la dirigencia, consiguiendo un psicólogo para el grupo que ayudó al cuerpo técnico a un conocimiento cualitativamente distinto en lo individual y en lo colectivo. En pocas palabras, democracia en un club de fútbol en plena dictadura, “donde todo era extremadamente racional y hasta fascista” según narra el propio Sócrates que había llegado del Botafogo Ribeirao Preto en 1978, cuando otra dictadura, la de Argentina, propiciaba y llevaba a cabo la Copa del Mundo.
Tan gravitante fue este movimiento que el periodista Luiz Fernando Rodrigues “Peninha” afirma que “a través de un deporte se entiende  a un país social y culturalmente. A través de lo que fue la Democracia Corinthiana se entiende al Brasil que luchaba contra la opresión”.
Estos son fragmentos de la fascinante historia de este nuevo campeón de la Libertadores que contribuyó decisivamente a la democratización de Brasil. En la final, por lo hecho en la cancha y por toda su gran historia, Corinthians merecía ser campeón.

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Para la derecha “el fútbol era la prueba de que los pobres piensan con los pies”; y para la izquierda, “el fútbol tenía la culpa de que el pueblo no pensara. Esa carga de prejuicio, hizo que se descalificara una pasión popular”.
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