El Che Guevara: el revolucionario que jugaba al fútbol

Ernesto Guevara de la Serna,  Ché Guevara
Por Ángel Hugo Pilares.
Para cuando llegó al pueblo colombiano de Leticia, ya no era Fuser. El “Furibundo Serna”, era su apodo de jugador de rugby con asma y había dejado ese deporte (pero no los ahogos) cuando emprendió con su amigo Alberto Granados un viaje en motocicleta por toda Sudamérica. A lo mucho, le decían “El argentino”, y creían en él con la devoción con la que se cree en un ‘crack’ de tierras lejanas. Para nadie era el ‘Che’, todavía.
Ernesto Guevara de la Serna y su amigo bajaron de una balsita bautizada como Mambo-Tango por las monjitas del leprosorio San Pablo. Acababan de llegar a la colombiana ciudad de Leticia con poco dinero y hambre. Y tuvo que recurrir a su labia para conseguir mantenerse hasta que viajaran a Bogotá. Al menos, así lo cuenta él en sus diarios.

“En Leticia en principio nos trataron bien, nos alojaron en la policía con casa y comida, etc., pero en cuanto a cuestiones de pasajes no pudimos obtener nada más que un 50% de rebaja, por lo que hubo que desembolsar ciento treinta pesos colombianos más quince por exceso de equipaje, en total mil quinientos pesos de los nuestros. Lo que salvó la situación fue que nos contrataron como entrenadores de un equipo de fútbolmientras esperábamos el avión que es quincenal” relata el guerrillero.
El Independiente Sporting Club era el equipo más débil de toda la región. Cuando los pobladores vieron llegar a Guevara y Granados, alucinaron de inmediato con ese éxodo de futbolistas argentinos que llegó en 1949 a la tierra del café durante una huelga de futbolistas en el Río de La Plata. Los colombianos vivían alucinados con Adolfo Pedernera, el líder de La Máquina de River Plate de los años 40, y bautizaron a Granado como ‘Pedernera’.
“Al principio pensábamos entrenar para no hacer papelones, pero como eran muy malos nos decidimos también a jugar, con el brillante resultado de que el equipo considerado más débil llegó al campeonato relámpago organizado, fue finalista y perdió el desempate con penales”, cuenta el ‘Che’ en una carta a su madre escrita desde Bogotá, donde deja constancia de haber sido el arquero de aquel club. “Yo me atajé un penal que va a quedar para la historia de Leticia”.
El ‘Che’ viajó a Bogotá en un avión Douglas al que le fallaron tres de los cuatro motores. Subió a la nave luego de morderse la lengua para no responderle a un policía que lo recriminó por agacharse a limpiar su rodilla ensangrentada tras aquel partido. El 6 de julio de 1952 se alistaba para ver el partido entre Millonarios y Real Madrid “desde la más popular de las tribunas”. En una de las tantas versiones sobre esa parte de la historia, el Che había recibido las entradas de manos de Alfredo Di Stéfano, entonces ídolo del cuadro colombiano. Dicen, incluso, que Julián Córdoba, un estudiante de medicina que sabía dónde hallar al ídolo, habría sido quien propició el encuentro entre dos de los argentinos más famosos en el mundo.
Fuente: elcomercio.pe

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