Sobre el racismo en el fútbol: Entre cholos, negros, indios y macacos

El 31 de Enero de 2012 se jugó una nueva edición del superclásico chileno.
Universidad de Chile enfrentó a Colo-Colo en el estadio Bicentenario Germán Becker, ubicado en Temuco, a 675 kilómetros al sur de Santiago. El partido amistoso, válido por la ya tradicional “Copa Gato” fue suspendido antes del pitazo final por una bengala tirada por la barra Los de Abajo al campo de juego.
Si bien todos los análisis realizados por la prensa deportiva ahondaron en la acción de los “desalmados” y “delincuentes” barristas, algo pasó desapercibido.
Promediando el primer tiempo, Junior Fernandes, delantero afrodescendiente de padres brasileños, nacido en Tocopilla –El mismo pueblo de Alexis Sanchez- y contratado este año por Azul Azul para formar parte de la U, tomó posición en el area colocolina esperando el envío de Pedro Morales desde la esquina.
Tras un centro bombeado el albo, el arquero de Colo-Colo – Equipo que lleva el nombre del mapuche que firmó el primer tratado de paz con los españoles, representados por el colonizador García Hurtado de Mendoza y que además en su insignia lleva la imagen de otro mapuche, Lautaro- Francisco Prieto saltó por el balón y al mismo tiempo lo hizo Fernandes, chocando en el aire contra el portero. Inmediatamente Prieto saltó sobre Junior y lo empujo, gritando “Más cuidado po negro culiao”.
El árbitro, a menos de dos metros se desentendió de la jugada y todo continuó normal.
Parece que “negro culiao” es más que normal en una cancha chilena.

Este hecho, que no tiene sanción alguna en los estatutos, reglas y bases de la ANFP, se contrapone directamente con lo sucedido en Inglaterra con Luis Suárez, jugador uruguayo sancionado con ocho partidos oficiales por referirse de la misma forma hacia Patrice Evra, volante del Manchester United. ¿Son personas diferentes?, no, ambas son iguales. La diferencia radica en que la UEFA y sus federaciones asociadas llevan años luz atacando los problemas de discriminación acontecidos en sus estadios, sancionando  deportiva y económicamente a quienes cometan una falta que tiene nombre y apellido, racismo.
Por ejemplo, en Colombia cada vez que un jugador afrodescendiente toma el balón miles de personas comienzan a hacer sonidos guturales imitando a un simio. Le gritan “simio hijueputa” “macaco” y otros ataques simplemente por su color de piel. Lo más contraproducente y cómico por decir lo menos, es que los mismos hinchas afrodescendientes del equipo contrario gritan al mismo ritmo que sus pares.
En Perú también de la misma forma se ataca a los jugadores afrodescendientes. No es el “negro” con el cariño que uno llama a sus amigos morenos o afrodescendientes, tiene una connotación negativa y un significado a todas luces denigrante. El “negro” carga con la culpa de su color de piel, reproduciendo los discursos del colonialismo que todos nuestros antepasados sufrieron y nuestros pares siguen sufriendo en el viejo continente. Aún cuando el país incaica tenga mas de 3/4 de población indígena.
Para nosotros, los sudamericanos, es normal atacar a quienes percibimos como distintos a nosotros por su color de piel –sin mirar nuestra tez entre negra y blanca al espejo- o sus rasgos característicos. El “cholo maricón”, “indio de mierda”, “negro culiao” o “macaco hijueputa” no es problema, o mas bien creemos que no es problema, pero la realidad indica que esta “normalidad” del ataque a las personas por sus rasgos físicos se ha ido convirtiendo en un ataque a la dignidad y nos da un combo en la cara de nuestra ambigüedad cultural. Cuando un moreno grita “negro culiao” olvida su tez de piel, pero si un blanco le grita “indio de mierda” hace valer todas las instancias posibles debido al ataque directo que recibe.
La pregunta nace frente a la cada vez mayor presencia de afrodescendientes en espacios más visibles, es decir en lugares de gran importancia en nuestra sociedad, ¿Es necesario comenzar a legislar dentro del mundo del fútbol el tema del racismo y la discriminación por origen étnico? O ¿simplemente es otra arista del espectáculo del fútbol y debemos comprenderla como natural? La respuesta creo es clara, si no se ha hecho antes es tiempo de ponerse los pantalones y enfrentar el problema como lo que es, racismo puro y duro.
Dejemos de ser ambiguos, colguemos la incongruencia y despertemos finalmente de la larga noche de los 500 años en los cuales toda nuestra gente sufrió lo mismo que reproducimos.
Es necesario comenzar a crear una conciencia activa de que estamos en el terruño más mestizo del mundo, el crisol de colores de nuestra gente es digno de orgullo, no de ataques constantes a nuestros pares, porque un poco mas negro o blanco no hace la diferencia, la diferencia en el fútbol la hace el talento y ese es mas oscuro que albo, si no, Cubillas, Pelé, Eusebio, Maradona, Figueroa, Salas y la gran cantidad de nuestros bastiones del buen pie simplemente serian los indios, negros o cholos culpaos.
En un partido de negros y mestizos contra blancos ya sabemos quien gana, y por goleada.
Fuente: http://www.futbolismos.blogspot.com/

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Las gambetas no son de izquierda o de derecha. Pero se dice un fútbol de derecha a aquel fútbol especulador, al que sólo le interesa ganar, como al tipo al que sólo le interesa la guita y que no le importa el contenido. A la izquierda sí le interesa el contenido, la ilusión, la emoción. A la derecha no le importa la emoción, le importa ganar guita y punto. Y para ganar guita, destruyen el planeta, destruyen a la gente."
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