[Artículo] Deporte popular en el gobierno de la Unidad Popular: el Estadio Nacional al servicio del pueblo

Bifurcaciones_EstadioNacional1972(2)¿Puede un espacio de la ciudad, creado para la alta competencia, compatibilizar su uso con el deporte popular y amateur? De todos los edificios públicos levantados en Chile, el Estadio Nacional, ubicado en la comuna de Ñuñoa (Santiago), es uno de los que más identificación sigue suscitando. Construido por el Estado para que la sociedad lo utilizara intensamente, el Coliseo –pero también varias de las otras dependencias del predio que conforman al polideportivo- articuló desde temprano una doble condición: hito metropolitano, pero, al mismo tiempo, referencia nacional.
Aunque sus cualidades son conocidas, tres parecen ser cruciales como ejes explicativos de su existencia. En primer lugar, y al menos durante en lo que al siglo XX concierne, no ha habido otro recinto de masas capaz de representar el ideal del espacio pluriclasista, más allá que en ocasiones lo lograra en mejor medida que en otras. En segundo término, ha sido uno de los recintos con mayor versatilidad para alojar una impresionante heterogeneidad de actividades. Cierra el diagnóstico de sus atributos históricos, la radicalidad de las experiencias que ahí se han desarrollado, formando un arco muy extenso con el deporte -como si hubiese sido sólo una disciplina- al medio. En un extremo, espacio de refugio. En otra punta, centro de tortura y eje del terrorismo de Estado.

Las imágenes que a continuación presentamos corresponden a un particular periodo de la historia del Estadio, enmarcado en el gobierno de Salvador Allende (1970-73). Durante el gobierno de la Unidad Popular, el Estadio Nacional fue soporte de múltiples actividades desarrolladas tanto por partidarios del gobierno como por la oposición. La hipermovilización de la sociedad chilena de la época (Landsberger y Mc Daniel, 1976) tuvo en El Nacional un escenario protagónico, rápidamente establecido con la figura de la concentración masiva y popular. Más allá que la concentración tuvo en épocas anteriores –y posteriores también- al teatro Caupolicán [1], el parque Cousiño [2] y las mismas calles del centro de la ciudad [3], el Nacional logró constituirse como soporte, escenario y espacio de legitimación de este tiempo caliente (Baczko, 1999) de la historia de la producción de imaginarios sociales nacionales. Pero más allá del cierre de la visita de Fidel Castro, el caceroleo de la DC, los congresos de las Juventudes Comunistas o la recepción a Pablo Neruda tras la obtención del Premio Nobel, hubo en el Estadio un despliegue masivo de programas orientados a la masificación del deporte, tal como el ‘Yo Hago Deporte‘. Orientado a capas medias y populares, y afianzado en dos ideas centrales –el deporte es saludel deporte es nación-, se buscaba usar este lugar de la ciudad para promover la práctica deportiva masivamente.
Acá les presentamos una serie de imágenes de campeonatos infantiles y juveniles de cross country en un Estadio Nacional bastante más frondoso e invadido por la naturaleza que el actual. Aunque en otras anticipando un desértico paisaje, o más bien, la ausencia de un proyecto de paisaje.
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Fuente: http://www.bifurcaciones.cl/
Referencias Bibliográficas
Baczko, Bronislaw (1999) Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas. Buenos Aires: Nueva Visión.
Landsberger, Henry; McDaniel, Tim (1976) Hypermobilization in Chile, 1970-1973.World Politics, 28 (4), pp. 502-541
Palieraki, Eugenia (2003) Las manifestaciones callejeras y la experiencia de la Unidad Popular (1970-1973). Pensamiento Crítico, 3. Disponible en [http://pensamientocritico.imd.cl/index.php?option=com_content&view=article&id=85:las-manifestaciones-callejeras-y-la-experiencia-de-la-unidad-popular-1970-1973&catid=39:no-3&Itemid=62]
Power, Margaret (2009) La mujer de derecha : el poder femenino y la lucha contra Salvador Allende, 1964-1973. Centro de Investigaciones Diego Barros Arana: Santiago.
* Este texto hace parte de una investigación mayor sobre la historia de los usos del Estadio Nacional, actualmente siendo desarrollada por Valentina Rozas, Gonzalo Cáceres Q. y Rodrigo Millán, que tendrá una publicación a mediados de 2013. Como parte de una serie de productos complementarios a desarrollar, se está trabajando en la construcción de un archivo visual abierto del lugar, junto al artista visual Camilo Yáñez y el respaldo financiero de los fondos semilla de la Universidad Diego Portales.
** Las imágenes pertenecen al archivo de Revista Estadio. Las seis primeras son de la edición del 6 de Abril de 1972 (núm. 1497); las cinco restantes de la del 4 de Mayo de 1972 (núm. 1501)
[1] Inaugurado en 1936 como un proyecto desarrollado por la Caja de Empleados Públicos, el Teatro Caupolicán rápidamente combinó deportes, espectáculos y concentraciones políticas. Entre estas últimas se encuentran las alocuciones de Arturo Alessandri Palma, Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva y el propio Radomiro Tomic, el candidato de la Democracia Cristiana para las elecciones de 1970, de las cuales resultaría vencedor Salvador Allende.
[2] La Marcha de la Victoria del 4 de Septiembre de 1938 –tres meses antes de la inauguración del Estadio- que tuvo su inicio en el Parque Cousiño, es ejemplo de ello. En apoyo a la candidatura de Carlos Ibañez del Campo para las elecciones presidenciales, el Movimiento Nacional Socialista (MNS) chileno organiza una gran marcha que llegaría al centro de la ciudad. Sería la última gran concentración de esta colectividad previo a la Matanza del Seguro Obrero, ocurrida al día siguiente.
[3] Para comprender la relevancia de la calle durante el gobierno de la Unidad Popular, es recomendable ver el trabajo de Palieraki (2003) sobre la disputa entre oposición y simpatizantes del gobierno por hacerse valer en el espacio público. Desde una perspectiva de las mujeres de la oposición, ver el trabajo de Power (2009).

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Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizá sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado, una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos. No puede descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita.
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