Franquismo y fútbol: Los Rojos v/s la Furia

A propósito que por estos días, luego de una larga lucha y mucha burocracia, organizaciones populares y vecinos de La Pintana -populosa comuna del sur de Santiago de Chile- lograron cambiar el nombre de la Avenida  Francisco Franco por Violeta Parra, traemos a colación este articulo sobre el genocida español del periódico “Diagonal”.
Franco sigue muy vivo en el fútbol español. Tranquilo, no voy a hablar del Real Madrid, del opio del pueblo y demás tópicos. Me refiero al Franquismo sociológico, ese que no se declara como tal pero que está latente e interiorizado; costumbres e imágenes arraigadas durante 40 años que hoy han dejado de ser Franquismo para ser normalidad. Desde los estadios de fútbol hasta el estilo de juego, Franco es decisivo para entender el fútbol español de hoy.

La época de auge del profesionalismo en el fútbol se produce mayoritariamente bajo el Franquismo, por lo que éste marca el rumbo y deja una huella importante. Con este boom futbolero llegaron los nuevos estadios promovidos por los Santiago Bernabéu, Vicente Calderón y demás empresarios vinculados al régimen y responsables falangistas. Debido a ello ciudades como Cádiz, Puerto Real o Mallorca tienen estadios de fútbol con nombres de importantes dirigentes falangistas como Ramón de Carranza, Sancho Dávila o Luis Sitjar. Si el fútbol escapa de las deudas fiscales o de cotizar a la Seguridad Social, la Ley de Memoria Histórica no iba a ser menos.
Los nombres de los estadios no fueron lo único que cambiaron tras el triunfo del fascismo; los árbitros también cambiaron de nombre. Si alguna vez te has preguntado por qué llamamos a los árbitros por sus dos apellidos, probablemente Franco sea la respuesta; concretamente Ángel Franco Martínez. Este árbitro murciano logró llegar a Primera División, y con sus primeros errores apareció la polémica: “¡Franco, qué malo eres!”, “¡Franco, sinvergüenza!”, y demás frases salidas de las gradas no podían ser toleradas por el Régimen. Por difícil de creer que resulte esta teoría, las hemerotecas de la época confirman que antes de su irrupción los árbitros eran llamados por su primer apellido (o por los dos en caso de posible confusión) y tras él se generalizó el uso de los dos apellidos que llega hasta nuestros días.
Otra cuestión estética llamativa es la equipación de la selección española. Teniendo una bandera con los colores rojo y amarillo sorprende que el azul tenga tanta importancia. Natu­ral­mente no es casualidad, y es que aunque históricamente el combinado español utilizó pantalones blancos, negros o azules, este último es el que luce desde que Franco decidió que España jugase completamente de azul falangista (eso del rojo, claro, no estaba muy bien visto). Pese a que a los pocos años rectificó devolviendo el tradicional colorado a la camiseta, el pantalón siguió con ese color tan característico.
Sin embargo, la herencia más llamativa del Franquismo es la que configura la esencia histórica del estilo de juego español. Hasta el surgimiento del juego de pase corto, la fama de España era de jugadores aguerridos, peleones, la “Furia española” como se conocía a la selección. La Furia era el fútbol como representación bélica, un mito fomentado por el Franquismo, que trataba de mostrar un pueblo español viril mediante las habituales imágenes de jugadores vendados, como supervivientes de la guerra, siempre dispuestos a luchar por la patria y lograr una pírrica victoria en inferioridad de condiciones. No fue casualidad que durante muchos años el deporte español estuviese dirigido por militares como el general Moscardó. El entrenador argentino Ángel Cappa desmonta esta falacia belicista, desmintiendo la percepción de muchos españoles: “La Furia es un invento del Franquismo. España ganó la Copa de Europa de 1964 con un equipo de jugadores tocadores, muy parecido al concepto actual. Lo que es falso es la Furia. No existió”.
La Furia es un apodo en desuso, hoy sustituido por el profundamente odioso, comercial y artificial “la Roja”. Los medios que lo promovieron seguramente ignoran que tiene una cierta base histórica, y es que en los años ‘30 era muy popular el sobrenombre de “Los Rojos”. La historia la escriben los vencedores; la hegemonía se construye día a día y en todos los ámbitos.
Autor: Iñigo Arza
Fuente: https://www.diagonalperiodico.net

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