A proposito del libro “Niños futbolistas”: El fetichismo de los juveniles

El prolífico autor, que ya había sorprendido con Cómo vive una vaca, aborda en su último trabajo el terrible y descarnado universo del fútbol infantil, el cual describe sin eufemismos y sin bajar línea. Lo suyo –asegura– es la observación participante.
Por Gustavo Veiga.- Juan Pablo Meneses no tiene pinta de ganadero ni de agente de jugadores FIFA. Compró una vaca, La Negra y en 2008 escribió en un libro la experiencia de cómo transformarla en churrascos o carne picada. Reincidente, para Niños futbolistas –su último trabajo– consiguió apropiarse del pase de CL, con el objetivo de venderlo en algún club de España. El escritor chileno llama a estos experimentos “periodismo cash”. Le interesa el tema del consumo y actúa en consecuencia. Agudo, original, podría decirse que sigue los pasos de Umberto Eco en Cómo se hace una tesis. Toma un objeto de estudio (el bovino, el pibe jugador) y se vale de esos instrumentos para descubrir qué pasa con ellos en medio del sistema de producción capitalista. El resultado es tan analítico como desopilante.

En Libros del Pasaje, una cálida y cómoda librería de Palermo, Meneses toma el micrófono ante un auditorio interesado en su obra. Presenta Niños futbolistas, publicado por Ediciones del Nuevo Extremo y Blackie Books España. Es muy gráfico cuando define hacia dónde va el mercado de la pelota que consume carne humana cada vez más joven: “Barcelona compró primero a Maradona cuando tenía 21 años, después a Saviola con 17 y a Messi se lo llevó a los 13. Ahora busca a chicos de nueve años o de menos edad”.
Tan concluyente como la edad cada vez más bajan que se adquiere a un futbolista, resulta la lectura de su libro. Desde la página diez, ya nos sitúa en cómo evolucionará la mercancía con que trabajó el autor: “El margen de ganancia en el negocio de los animales exóticos, como en el de los pequeños futbolistas (…) es altísimo. Un guacamayo rosado que cuesta quince dólares en las selvas brasileñas puede llegar a valer dos mil dólares en Italia. El precio por el que se puede comprar un niño futbolista a veces no supera los doscientos dólares, pero el precio de venta final, en pocos años, puede estar por encima del millón”.
Futbolero, hincha de la Universidad de Chile (se amargó en la cancha con la goleada que le encajó Lanús por la Copa Su- damericana), Meneses no se infiltró en el mundo que investigó, ni montó un personaje. Les dijo a sus interlocutores que iba a escribir un libro sobre los niños futbolistas y que necesitaba adquirir uno para describir la experiencia. Esa especie de observación participante lo llevó por Perú, Chile, Colombia, Argentina, México, España e Italia.
“Este libro no pretende ser una caza de brujas ni desmontar una mafia. Pretende ser una observación de lo que hacemos a diario y en dónde nos sitúa eso. Se trata de comprender que todos esos jugadores que salen a la cancha los domingos no nacieron estrellas, sino que tienen una historia y un origen”, cuenta.
Meneses nació en 1969 y es autor de los libros Equipaje de mano (2003), Sexo y poder (2004), La vida de una vaca (2008), Crónicas Argentinas (2009) y Hotel España (2009). Publicó crónicas por decenas en varios medios de América y Europa. Después de ser premiado en el concurso de Crónicas Latinoamericanas de la revista Gatopardo, creó lo que denomina “periodismo portátil”. Con el dinero que ganó se compró una notebook y una cámara y comenzó a viajar por el mundo para escribir historias.
En Niños futbolistas se topó con una postal sacada de la infancia de Messi. Estaba en Perú, a la búsqueda de un pequeño jugador, cuando conoció a William y Kevin Méndez. Padre e hijo frustrados porque no llegaron a futbolistas consagrados. Ambos recibieron en Lima al mejor del mundo cuando apenas era un pibe de ocho años, en febrero de 1996. Lo hospedaron en su casa. Había ido a jugar la Copa Amistad en Cantolao. Un día lo llevaron a Lio a comer pollo frito antes de la semifinal del campeonato. Pero se intoxicó con la comida.
Cuenta Meneses en su libro: “Pese al dolor estomacal del pollo asado con su piel y su grasa, Messi saltó a la cancha con ganas. El partido de semifinales de la Copa Amistad finalizó con el triunfo de Newell’s sobre Cantolao por diez goles a cero. Messi anotó nueve de los diez. Terminado el encuentro, el rosarino, que por primera vez jugaba un campeonato fuera de Argentina, intercambió camiseta con Kevin”.
Así como aparece el ídolo del Barcelona en las páginas de Niños futbolistas, también están ahí pibes desconocidos, como Junior Joao Malec, alías Kalusha, de las Chivas de Guadalajara o el hijo del farmacéutico mexicano Efraín Barba. El escritor chileno busca historias de pibes que jueguen bien, aunque algunos mueren por el camino a manos de los narcos de Ciudad Juárez, que están metidos en el negocio del fútbol hasta los tuétanos.
En el libro cuesta encontrar una luz al final del túnel, a no ser por un caso aislado como el del club cordobés Che Guevara. Un ejemplo de contención social que preside una mujer, Mónica Nielsen. Tanto oscurantismo, tanta deshumanización apabulla. El mérito de Meneses es que describe esas miserias sin bajar línea, sin moralinas, se sumerge de modo presencial sobre los hechos y pulveriza las ilusiones de construir un mundo mejor sostenido sobre las piernas de un niño. En todo caso, el mundo mejor lo vivirá el empresario que acierte un pleno con el pase de un futbolista en pañales.
En determinado momento el autor se permite observar detrás del poster o la gigantografía del ídolo deportivo: “… ahí está, en su mirada, en sus gestos, el niño, el que fue vendido y comprado y comprado y vendido y manoseado y utilizado y explotado y obligado a trabajar. Ahí está el sustento de la familia y del barrio, el culpable de que esto siga funcionando, el que justifica la cadena, el sobreviviente”.
En la época en que hacía estragos la enfermedad de la vaca loca, a Meneses se le ocurrió que podría resultar interesante estudiar cómo transcurre la vida de un bovino, producto clave en la cadena alimenticia. Y esa aproximación que realizó “a tientas”, después le permitió hacer el experimento con un joven futbolista.
Su tarea narrativa no se detendrá ni en la vaca ni en el pichón de crack. Quiere completar una trilogía de historias, aunque de la que vendrá –explica– “no puedo decir nada”. Juega al misterio, como juega con las palabras. Meneses es un creador que experimenta con la mercancía en sus manos y se atreve a realizar un ejercicio muy complejo, como dice en la contratapa de Niños futbolistas: “Sabemos que hay ternera en el súper y Messi en la tele, pero no nos preguntamos cómo han llegado hasta ahí”. El, al menos lo intenta. Y las respuestas que ofrece están en su libro.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar

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