Futbol al ritmo de la revolucion

CÓRDOBA. UN CAMPEONATO ORGANIZADO POR EL CLUB SOCIAL Y DEPORTIVO CHE GUEVARA
La competencia reunió a clubes europeos y sudamericanos que promueven la militancia político-social de la mano del deporte. “El fútbol es un código universal que abre las puertas al compromiso y a la solidaridad”, dicen .
El sol de enero en Córdoba no tuvo un mínimo de misericordia con aquellos europeos que transpiraron detrás de la una pelota en el Club Colón de Colonia Caroya. Chicos y chicas ingleses, lituanos, alemanes y belgas, de piel extremadamente blanca, jugaron su propio partido durante la tórrida primera jornada de la Copa América Alternativa. Jugaron con brasileños, chilenos y argentinos que, no por locales, pudieron evitar el sufrimiento de las altas temperaturas.

Eso fue los días 27, 28 y 29 del mes pasado cuando se encontraron en el campeonato, convocados por el Club Social y Deportivo Che Guevara, institución que viene desarrollando una labor enorme para brindar un espacio de contención a los jóvenes de las barriadas más humildes de Jesús María, allí donde el neón de la soja no ilumina el camino.

Los de Colón prestaron el predio porque la solidaridad se practica en las pequeñas acciones y también en las grandes. Y esta fue grande.
El torneo nació en 2010 después de que se realizara en Europa el Mundial de Futbol Alternativo, coincidiendo cuando, en Sudáfrica, hacíamos las valijas antes de tiempo.
“Los compañeros de Autónomos de Brasil nos preguntaron si el Che podía hacerse cargo de organizar algo en la Argentina. Lo discutimos con los jugadores y dijimos que si”, contó a Veintitrés Mónica Nielsen, presidenta del club con nombre de revolucionario y alma mater del encuentro.
La convocatoria se hizo abierta pero los invitados contaban en común con ser instituciones que hacen del futbol la puerta de entrada para realizar actividades sociales, políticas y culturales en sectores marginados.
Autónomos, por ejemplo, es un club anarquista brasileño de San Pablo y sus jugadores lucen orgullosos la casaca roja y negra, colores identificatorios de los seguidores de Bakunin y Malatesta. Quizás así empezaron también Newell’s o Colón de Santa Fe. Pero estos brasileños se reivindican ácratas y juraron que nunca cobrarían por jugar. Su capitán ventiló, orgulloso, un tatuaje de Maradona en su pantorrilla izquierda, cosa que seguramente sacaría de sus casillas a O Rei Pelé si se entera. De todas formas, el Diego les dio suerte porque a la postre terminaron saliendo campeones.
“Todos los clubes partimos del principio de utilizar al fútbol como medio integrador, con un sentido territorial, cada uno según las características del lugar donde se desarrollan. Por ejemplo, los ingleses y alemanes son antirracistas, los lituanos antifascistas. Los sudamericanos trabajamos más con la integración de los chicos de sectores más pobres y postergados. Así empezamos con el Che en Jesús María”, relató Nielsen.
Además, la Copa América Alternativa fue pensada para reivindicar la acción comprometida y solidaria en contraposición a la mercantilización del futbol profesional. “No estamos de acuerdo con ese modelo de desarrollo para los jóvenes, buscamos formar hombres nuevos, comprometidos con la realidad”, avisó Mónica, debajo de un sombrero blanco de ala ancha que la protege del sol.
La copa llevó el título, justamente, de Hombre Nuevo y las banderas que rodeaban las canchas no dejaron lugar a dudas: Guevara estuvo presente de todas formas y colores.
“Es un futbol totalmente alejado de lo convencional, estamos unidos por el pensamiento y el internacionalismo del Che que nos convoca a este encuentro”, rezó la convocatoria internacional que se distribuyó por Internet.
Sabido es que el Che era un deportista todo terreno y que atajó un penal para la historia en un campeonato regional en la lejana ciudad colombiana de Leticia, cuando viajaba con Alberto Granados por la América del Sur, conociendo y cambiando su cabeza para siempre.
En tiempos de crisis estructural del capitalismo financiero, Guevara se reivindica como un hombre de convicciones, por más que la lujosa Mercedes-Benz haya pretendido utilizar su imagen como parte de una campaña publicitaria, para horror del exilio anticastrista de Miami.
“El deporte es una excusa, es sólo el motivo por el cual nos reunimos: un motivo alegre y una excusa popular y fácil de realizar”, explicó Fernando Leguiza, responsable de la selección de fútbol callejero de Argentina, al participar del Mundial de Fútbol Callejero.
Pero además es barato. “Con 50 pesos tenés un balón y a 22 tipos jugando dos horas. No hay muchas actividades recreativas más accesibles”, señaló Matías Avaca, jugador de la primera del Che y árbitro en algunos de los encuentros que se jugaron durante la copa. Por eso, sostuvo, sigue siendo la mejor opción para los jóvenes pobres.
Los jugadores del club Lado B, de San Pablo, se vinieron en auto porque querían estar presentes a toda costa. “Pensamos que este es el verdadero futbol, la unión, la congregación, jugar y después conversar porque todos somos amigos. Ese es el lado B del fútbol y por eso le pusimos así a nuestro equipo. Es más próximo de la gente común. El fútbol profesional está teñido de dinero, los jugadores cuestan millones de dólares, eso no es algo real, lo que vivimos”, dijo Bruno Farías, periodista free lance en la capital industrial brasileña, pero en Córdoba sólo en rol de jugador. Su formación era compuesta básicamente por ex estudiantes de la Facultad de Filosofía de la Universidad de San Pablo.
El espíritu del campeonato escapó de los convencionalismos y presentó también a equipos de femeninos y mixtos, donde las mujeres se hicieron respetar a la hora de pisar la pelota.
Los anfitriones del club brindaron toda su disposición para atender lo mejor posible a los visitantes. Son los jugadores del Che, sus familias y amigos, quienes cortaron el pasto y pintaron las canchas para que estuvieran en condiciones. También atendieron el buffet o ayudaron al algún golpeado de ser necesario, aunque un médico y un servicio de urgencias estaban a disposición por las dudas.
El idioma no fue problema y los chicos, algunos con timidez, otros más decididos, intercambiaron chistes y elogios después de los partidos. Pero el código que los unificó estuvo dentro de la cancha, por su carácter universal. “Todos nos entendemos cuando jugamos y a partir de ese entendimiento es que pueden surgir otros, incluso, más profundos, que abren las puertas de la solidaridad y el compromiso”, apuntó Avaca de forma didáctica.
Con lógica implacable, un grupo de chicos de barrio Quebracho, ubicado en una de las zonas más postergadas del sur de la capital provincial que fue duramente castigada por el tornado que azotó recientemente a la ciudad, explicó los motivos de su participación en el campeonato. “Nos juntamos, hicimos una polla y vinimos”, contó Sebastián, un enganche discutidor que transpiró toda la tarde para que su equipo, denominado Inter, clasificase a la ronda de ganadores.
Rosa Insaurralde los acompañó junto a otros militantes de la organización CUBA MBS que desarrollan actividades militantes en el sector. “La mayoría de los jóvenes en los barrios no van a un club, por eso esta es también una oportunidad de demostrar que se puede hacer deporte y sacar a los chicos de la calle, las drogas o el robo. También es una forma de que los chicos se integren a la militancia social. Pero sobre todo, para que sepan que hay otras cosas, además de lo que ven en el barrio a diario”. Sean militantes o no, la imagen del Che sobrevuela a todos. Juan Franco es uno de los más chicos del equipo y lo eligieron para contar su historia; tiene una remera de Guevara como vestimenta habitual. “Lo rescatamos porque fue un señor que hizo una banda de cosas por la gente, un guerrillero que peleó por los pobres”, sentenció.
La falta de clubes sociales en Córdoba, como en el resto del país forma parte del debate que se dio entre las organizaciones presentes durante el campeonato. Si bien muchas instituciones en la Argentina cerraron sus puertas durante la década del ’90, el problema del acceso a la tierra para el usufructo como espacio público es una realidad actual. En Córdoba Capital, por ejemplo, la voracidad de los desarrollistas urbanos debió enfrentarse con las masas societarias de instituciones tradicionales como Universitario, Juniors o Huracán de barrio La France, donde empresarios e inversionistas ofrecían millonarias sumas para quedarse con predios con el objetivo de construir urbanizaciones de categoría que abonan el espiral especulativo del mercado inmobiliario.
En ese sentido, el dirigente del club Colón Nelson Luna destacó que en Jesús María y Colonia Caroya “hay una carencia muy grande de predios donde instalar complejos deportivos. Todo lo que se remató hace años, cuando las instituciones sociales quebraban y la gente dejaba de ir, ahora es muy difícil de recuperar, a pesar de que los clubes estamos en un proceso de crecimiento desde hace cuatro o cinco años. Faltan políticas, tanto a nivel nacional, como provincial y municipal para fomentar que se abran más clubes para que la cantidad de chicos que andan perdiendo el tiempo en la calle pueda tener una contención efectiva”.
Desde la perspectiva universitaria, Mariela Pérez, estudiante de historia y activista del M29 (Movimiento 29 de Mayo), viene colaborando, junto a un grupo de la Universidad Nacional de Córdoba, en las actividades que propone el club Che Guevara. Durante el campeonato, participó del equipo de comunicación que vino de Buenos Aires de la CUBA MBS a filmar un documental sobre el campeonato. “Está claro que el acceso al deporte para los jóvenes pobres es muy limitado, fundamentalmente por falta de espacios e instituciones como las que había hace años. Además el modelo futbolero oficial que se propone está relacionado con la compraventa de jugadores, los intermediarios y los negociados, muy lejos de una visión que les permita a los chicos tener cosas simples como un espacio de esparcimiento y el derecho al goce con sus propios cuerpos que genera la actividad deportiva. Como es un derecho que establece la Constitución debería estar garantizado por el Estado, pero no se ven políticas en ese sentido”, reflexionó debajo de un árbol, atrás de uno de los arcos de la cancha principal.
Mientras se realizaban los últimos partidos, algunos grupos prepararon las actividades para cuando los equipos terminasen de jugar. La jornada deportiva incluyó un festival con bandas de música, una reunión tipo plenario donde todos se presentaron y contaron sus experiencias de trabajo territorial, seguido de reconfortantes choripanes cargados de calorías para que los jugadores se recuperen.
Los participantes durmieron en el predio de la escuela de oficiales de la Gendarmería, facilitado tras las gestiones que Mónica hizo ante el gobierno nacional. “Al principio hubo un poco de tensión con los extranjeros porque ellos conocen nuestra historia con la dictadura militar, pero al final salió todo bien. Es un avance que las Fuerzas Armadas se hayan adaptado a la etapa democrática hasta el punto de recibir a quienes reivindicamos el cambio social como indispensable para construir una sociedad más justa. Ellos cambiaron, nosotros seguimos siendo como siempre, revolucionarios y guevaristas”, finalizó.
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El Che, un club que quiere hacer historia
Comenzó en el 2007 con un grupo de jóvenes entrenándose en una plaza de Jesús María. Junto a Claudio Ibarra, Mónica Nielsen, trabajadora del archivo municipal, soñó unir la figura del revolucionario y el fútbol en una sola consigna, que se hizo práctica con la convicción y el esfuerzo de jóvenes que trabajan durante el día y entrenan de noche, como sucede en los clubes amateurs de nuestro país.
Sus inicios no fueron sencillos en una ciudad que tiene por defecto invisibilizar a los sectores pobres tras el manto de prosperidad que trajo el boom sojero a la región, que impuso largos días y noches de cortes de ruta durante el conflicto de la 125.
De por sí, el nombre del club generaba desconfianza pero poco a poco la comunidad fue quitándose los miedos. Hoy el club apunta a conseguir su propio predio deportivo porque debe jugar de prestado, acordando con otras instituciones. De ser un grupo de chicos en la plaza, pasaron a conformar siete divisiones que compiten en la liga local. La primera juega con clubes que militan en el campeonato de la región.
“Del grupo que empezó muchos se fueron y después volvieron. Pasa que al principio no aceptaban el espíritu solidario que propugnamos desde el club. Entonces nosotros también dijimos que el que sólo quiere ser jugador de fútbol puede buscarse otro lugar para jugar, acá hay reglas y nuestro espíritu no sólo apunta a formar jugadores sino seres humanos comprometidos con su época. Para eso hace falta ser solidario, trabajar para el barrio y ser generoso y agradecido con los que nos ayudaron hasta hoy”, reseñó Nielsen.
Hoy, el Che es conocido a nivel internacional. El aura que destila la imagen del revolucionario motivó que periodistas de conocidas cadenas informativas realizaran reportajes para TV, diarios y revistas especializadas en Europa y Latinoamérica, obviamente donde el fútbol es una pasión que se juega.
“Habría que preguntarse qué pasa con una sociedad que no contiene a los jóvenes, que no les brinda espacios. En ese sentido somos una institución contracorriente y estamos en el camino de formar hombres, como decía el Che, que trabajen y estudien, que sean útiles a la sociedad”, afirmó la presidenta del club.
Y agregó: “Porque ellos tienen que ser los dirigentes del futuro. Muchos son de origen humilde y, por eso, pareciera que nunca van a poder levantar cabeza y que siempre tendrán que hacer los trabajos más pesados, los peores pagos. Pero no –enfatiza–, el Che nos muestra con su ejemplo que podemos luchar por una sociedad mejor, y por eso es más importante que nunca que su imagen y su obra estén presentes entre los jóvenes”.
Fuente: Revista Veintitres http://veintitres.infonews.com/index.php

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