Uruguay: La huelga de 1949, un hito para el futbolista como trabajador

Hace mucho tiempo, un grupo de luchadores logró reivindicar al futbolista como trabajador. Encabezados por Obdulio Varela, los jugadores fueron a una huelga que paralizó el fútbol local y consiguió logros que se mantienen hasta hoy. Por esto, entre otras cosas, los dirigentes odiaban a Obdulio, claro que no más que el Negro Jefe a ellos.
Por 1948, la situación laboral del futbolista uruguayo dejaba mucho que desear, por lo que los jugadores decidieron crear un sindicato. Los clubes, dueños de todo y de todos se negaron a reconocerlo. La respuesta de los jugadores, encabezados por Varela fue una huelga: no habría más fútbol hasta que se legalizara su sindicato.
En Montevideo, los dirigentes ponían el grito en el cielo ante las reivindicaciones de libertad contractual de los futbolistas, que en 1948 declararon la huelga -siguiendo el movimiento de italianos y argentinos-. “Se va a terminar el fútbol”, “esto es lo más grave que ha ocurrido en el más popular de los deportes; el gobierno debe intervenir”, “un disparate del que los clubes tienen que defenderse por todos los medios”.

Todo el periodismo, unánimemente según Obdulio Jacinto Varela, respondiendo a los medios que respondían a los políticos que respondían a otros intereses (o en todo caso todas las respuestas coincidían), estuvo en contra de aquella huelga. “Los periodistas se metieron en mi vida privada, me atacaron mucho durante la huelga de jugadores porque ellos le hacían el juego a los clubes. Yo decidí vivir mi vida y rompí con ellos” declaró Obdulio.
Los clubes aceptaron el reto del sindicato de jugadores encantados, intuyendo que la presión social, la falta de trabajo y el inminente comienzo del Mundial de fútbol acabarían con la huelga. Efectivamente se sucedieron los fines de semana sin fútbol, se extendía el hambre en el gremio (Obdulio volvió a trabajar de albañil para parar la olla familiar). Pero cuando peor se ponían las cosas más grande se hacía Obdulio. Trabajador desde niño, educado en la universidad de la calle, lideró la huelga durante meses. El Negro Jefe agigantó su leyenda y su liderazgo, se plantó y pidió un empleo público como condición para ir al mundial, fue el presidente de la República a buscarlo a la casa y le garantizó el trabajo.
La huelga significó un duelo a muerte. Los jugadores pararon el fútbol desde octubre de 1948 a mayo del 49 y al final salieron ganando con un estatuto del jugador que logró impedir los abusos atroces que se daban hasta ese entonces. A saber: antes, el futbolista que se enrolaba en un club era retenido de por vida. Si lo transferían no recibía un peso. En caso de un pase al extranjero, cuando retornaba (así pasasen los años que pasasen), automáticamente seguía perteneciendo al club de origen, pudiendo éste repetir cuantas veces quisiera el procedimiento. La rescisión de contrato unilateral por el club era de uso corriente. El club era la única parte en “apreciar y decidir” sobre una hipotética falta de rendimiento del jugador, cobrándosele sus emolumentos por el resto de la temporada. El fichaje era indiscriminado e ilimitado.
Obdulio contó en una entrevista que le realizó Osvaldo Soriano para La Opinión de Buenos Aires, de aquella realidad: “un día los dirigentes del Deportivo Juventud me avisaron que me habían vendido a Wanderers por 200 pesos. Sin preguntarme nada, me vendieron como si fuera una bolsa de papas”.
El séptimo mes los clubs dieron su brazo a torcer. Y además de ganar la huelga Obdulio lideró también a Uruguay al título del mundo. A partir de ahí, a los futbolistas, los dirigentes tienen que preguntarles. Los futbolistas pueden decir que no, que no firman contrato si el mismo no es acorde con las cifras que el club pide por ellos y también pueden no aceptar ser transferidos al exterior por sueldos menores a los que tienen por testigos. Y al jugador le corresponde el veinte por ciento del monto del pase. Ahora, gracias a Obdulio Varela y a sus líderes y compañeros huelguistas (entre quienes se destacaron Enrique Castro, Alberto “Cacho” Vázquez y Dalton Rosas Riolfo), la realidad ha cambiado bastante. Los jugadores de hoy deberían agradecerles a estos luchadores -en la cancha como fuera de ella- que lograron tanto, incluso poniendo en riesgo sus carreras…Salú por la clase trabajadora y los futbolistas con conciencia de clase.
Fuente: La celeste de antes

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Para la derecha “el fútbol era la prueba de que los pobres piensan con los pies”; y para la izquierda, “el fútbol tenía la culpa de que el pueblo no pensara. Esa carga de prejuicio, hizo que se descalificara una pasión popular”.
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