[Columna] La mentira deportiva y discursiva del gol de visitante

Por Pollo Swidzinski.- De vez en cuando, los directivos nacionales e internacionales, creen que el fútbol cumplió un ciclo y deben volverlo más atractivo. En el dinamismo, velocidad y anotaciones ven la belleza, aunque otros pensemos que el fútbol es simple, cerebral e imperfecto y por eso es hermoso.
Algunos ejemplos que marcan que el futuro del deporte apunta a la aceleración y no a la calidad del juego, se dieron en la década del 90’. En 1992, la preocupación pasaba porque los arqueros demoraban mucho el juego. Una norma internacional especificó que ningún portero pudiese jugar la pelota con sus manos cuando un compañero se la hubiese pasado con los pies. En la Copa América de 1997 se implementó, también para los que se ponen los guantes, la regla de que una vez dominada la pelota, tenían 6 segundos para soltarla de sus manos.
Inglaterra en 1981, pensó que muchos equipos tenían tácticas defensivas, generalmente los que no tenían recursos económicos para adquirir grandes jugadores y ser ofensivos, y debía ser mayor la diferencia en el puntaje entre la victoria y en no ser derrotado. La puntuación se modificó y se les otorgó un punto más a los vencedores. El ganador pasó a llevarse 3 puntos y los que empataban, un punto por lado. La FIFA lo aplicó en la fase final del mundial de 1994 en Estados Unidos y Argentina en la temporada 1995/1996. ¿Cuánto faltará para que, cómo en el rugby, le otorguen un punto extra al que logre más de 4 anotaciones? Quizás en el próximo ciclo. Las estadísticas indican que ni los empates disminuyeron, ni los goles aumentaron.

El fútbol no es un deporte donde sólo se festejan las anotaciones, como lo son los deportes más convocantes de Estados Unidos. En el Baseball, el Basketball o el Fútbol Americano, los espectadores se pierden gran parte de los encuentros comprando comida, y aun así festejan en varias oportunidades las anotaciones de sus “teams” favoritos, aunque la victoria esté muy lejos. La cultura norteamericana todavía no llegó a comprender la pasión futbolera. Sin embargo, el juego capitalista lo entienden muy bien. Comprendieron rápidamente lo que genera la pasión del fútbol en otros países. A través de las corporaciones mediáticas, desde hace ya un tiempo, presionan para que las reglas se vuelvan más acorde a lo que indica el mercado.
Con la idea de que los partidos no se extiendan demasiado fuera del tiempo regular, pensando en el poder legislativo del fútbol, las cadenas televisivas, y buscando nuevamente en forma errónea que los equipos salgan a hacer goles aunque eso vaya en desmedro de su estrategia, el fútbol implementó una nueva regla.
La absurda norma plantea que el gol marcado de visitante debe tener otro valor. En economía lo llamarían valor agregado. Porque hacer un gol en un estadio ajeno, parece ser que requiere más trabajo que hacerlo en el propio campo de juego.
Se aplica en eliminatorias de ida y vuelta. El objetivo buscado: que los visitantes intenten con entusiasmo hacer goles. El resultado encontrado: los locales intentan con empeño que no les conviertan. Argentina tiene antecedentes de haberlo practicado en la final del Torneo Nacional de 1977, donde Independiente termino beneficiado por esta regla y saliendo campeón. La Conmebol lo aplicó recién en el 2005 en la Copa Libertadores. En algunos países incluye el tiempo suplementario después de los 90 minutos y en otros no. Lo cierto es que solo sirvió para dificultar la comprensión de los marcadores finales.
Abundantes periodistas deportivos, se encargan de que esta dificultad sea aun mayor, repitiendo la frase “El gol de visitante vale doble”. Debieran decir que: En el caso de que los marcadores permanezcan igualados, sumados los dos partidos, entonces ganara aquel que haya convertido más goles de visitante. Pero como esta explicación parece muy larga, algún cráneo prodigioso inventó la frase que se replicó de modo exponencial. Para que quede más claro. Si el gol de visitante valiera doble, ocurrirían cosas como que un equipo que empata 0 a 0 de local y pierde 3 a 2 de visitante sería el ganador de la ronda.
Como conclusión abierta, la modificación de las reglas no debe atentar contra la esencia del deporte. El fútbol, es uno de los deportes más inclusivos por su sencillez. Se practica en cualquier espacio físico y casi sin elementos, solo es necesario una pelota. La implementación de la tecnología, el debate más próximo en la actividad, debiera pensarse en función del juego y no de las pantallas. Más allá de la poca injerencia que podemos tener en la toma de decisiones de los reglamentos, es importante que seamos conscientes para comprender los porqués del deporte.
Fuente: El Fútbol Que No Se Ve

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