[Columna] Sampaoli, el Internet y la gloria

Por Rodrigo Gahona.- La exigencia, como todo, tiene límites, bien demarcados, se notan, están a la vista. Depende del oficio que se ejerza, la circunstancia, el contexto, etc. Para los entrenadores de fútbol, existen límites legales, como también los hay tácticos o estratégicos, que buscan el método mejor aprendido para ganar o para no perder. Están los que prefieren jugar al espacio y los que prefieren jugar a la pelota, los bilardistas y los menottistas, y algunos más arriesgados, que paran a sus equipos en el abismo profundo del ataque permanente, cegados a la armonía que siempre supone un buen volante central y la línea de tres centrales marcados. La variabilidad táctica es también un arte donde solo los genios o los muy buenos resaltan.
Los propios jugadores tienen límites, sobre todo en su funcionalidad dentro de la cancha. Tienen límites físicos, ya que superhéroes no son. La musculatura que ostentan es mejor que la del común de los mortales, pero no es a prueba de balas, ni mucho menos indestructible y es -por sobre todo- “la” herramienta de trabajo que poseen. Exigirla más allá de los límites suele tener consecuencias irremediables. Pero hay quienes -o quien, en este caso- exige el 120% a sus jugadores y es así como va dejando la huella de lesiones por cada equipo que pasa. Si ese 120% se exige bajo la amenaza solapada de no aparecer en el equipo que saltará a la cancha o peor aún la amenaza silenciosa de no aparecer en la nómina de una selección cuando el problema se torna grave.

Y es de gravedad absoluta anteponer el ego de la gloria antes que la integridad física de los dirigidos. Además de adolecer de una falta pasmosa de criterio, nuestro Jorge Luis Sampaoli, parece aprobar el pontificado capitalista de maximizar –a razón de la explotación- la capacidad de los recursos. La necesidad del triunfo a cualquier precio parece provocar la actitud de mando medio desconfiado en él. El paso por Universidad de Chile dejó varias lesiones que demoraron meses en sanar y en la selección casi deja cojo de por vida a Arturo Vidal, por apurarlo (Matías Fernández decidió operarse y hoy sufre las consecuencias sampaolianas. Felipe Gutierrez estará en recuperación por meses, por hacer lo contrario al calerano).
Sampaoli, dice admirar a Bielsa. ¿Pero entenderá Jorge Luis algo de lo que el Sabio transmite? Es una duda razonable, cuando lo del rosarino implica la integralidad de la pedagogía. Hay una moral de lo correcto que parece obviar el casildense, pues en la apuesta por el espectáculo y la dedicación al público parece tomar un camino muy distinto al propuesto por don Marcelo. Uno exige la entrega en función del equipo, del espectáculo y el fútbol como fin superior. El otro exige en función de la productividad y el triunfo como cosa única. Mientras el ex DT de la U pontifica sobre el amateurismo como discurso populista y vacío, el rosarino evoca este mismo principio desde la perspectiva táctica. Bielsa trabajó desde la nada una selección, dio cuerpo y vida a un equipo desde la competencia local, probó y desechó hasta dar una identidad que aún no olvidamos y, si en esa identidad no había amateurismo, no sabría cómo denominarla (ejemplos de este tipo de trabajo son rastreables en Newell’s, y Atlas). Al contrario de este trabajo, Sampaoli dedica horas a internet en busca de ese jugador con algún parentesco con Chile, que pueda ser cooptado para las fuerzas futbolísticas nacionales. No crea identidad, la usurpa. No hace equipo, suma individualidades. Produce en función del triunfo como cosa única, depreda sin miramientos en pos de ese fin.
El éxito parece ser el calvario de Sampaoli. Preso de la necesidad de triunfo personal, del ganarle a la vida, del arribismo propio del que de la nada edifica un camino, yerra en la construcción de la ruta impuesta, porque actúa sobre la banalidad de quien quiere ser “más” y no “mejor”. En ese arrojo se lleva a todo quien no crea en la disciplina milica y suicida de romperse hasta el último de los huesos. No hay mayor pretensión que la pretensión misma. No existe otra fascinación mayor que el saberse en la gloria. Habrá que remontarse a los sueños Sampaolianos para agudizar la vista y observar el fin de tanto 120 %  exigido a cada jugador, habrá que arrendar jugadores para glorificar la estatua que pretende desde la humildad fingida, habrá también que valorizar la distancia entre acto y palabra y habrá que seguir mirando al Olympique del loco con la amargura de la novia perdida por la inexperiencia y la arrogancia.
Así el que viene será el año de la falacia táctica y el desplome de la ignorancia errante, estamos todos advertidos.
Fuente: El Quinto Poder

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