[In memoriam] Pedro Lemebel, la revolución, el amor, la vida, el fútbol…

Por Fútbol Rebelde.- Hoy se nos fue un gran hombre, valiente y comprometido. A los 62 años de edad falleció el escritor Pedro Lemebel. El artista se encontraba aquejado de un cruento cáncer a la laringe y estaba internado desde hace días en la Fundación Arturo López Pérez.
Pedro Lemebel, fue un artista, que naciendo pobre, homosexual y de izquierda se enfrentó siempre al poder, en su arte y en la vida. En plena dictadura,cuando nadie se atrevía a hacerlo, rompió esquemas de la moralina burguesa y proletaria, y nos llevó a todos y todas a cuestionarnos la mirada que la izquierda tenía sobre la homosexualidad, nos abofeteó al respecto, y no sólo nos abofeteó, también no pegó sendas patadas en el culo, con letras y performances que te hacían temblar con la cruda realidad, la marginal, la de los poetas que aprendieron a escribir en medio de la pobreza y las más grandes desigualdades e injusticias. Porque Lemebel no hablaba de ser homosexual en los ambientes artísticos chic del jaguar chileno ni en los europeos, sino en el barrio, en la pobla misma, y como además ser gay y de izquierdas era un doble prejuicio que tuvo que combatir, y sí que lo hizo, hasta el final.

Pedro fue también un gran crítico de la vuelta a la democracia, porque vivió en carne propia la negociación y la mentira de la transición, el deshoje de los sueños de una juventud popular que peleaba no sólo contra Pinochet, sino también contra su capitalismo y por  construir una sociedad más justa. Ideales robados por un sistema neoliberal que con complices democratas y dictatoriales, nos dejó sin dictador pero con una dictadura del dinero, de las deudas, de la sobreexplotación y con muy poco tiempo para seguir soñando una sociedad distinta. Con una juventud que se marginalizaba no por la desigualdad en sí, sino también porque no quería ser parte de la mentira que nació el año 1990 y que aún continúa.
Es desde esta mirada, que Lemebel escribió sobre el fútbol, o mejor dicho de los marginales -y en su momento rebeldes-  del fútbol, narrando historias de las barras bravas, o de las canchas de tierra donde más que jugar a la pelota, los jovenes gastaban el tiempo con una cerveza, un pito o algo más.
No diremos que fuimos amigos de Lemebel, pero podemos contar una anecdota, los que andamos pasadito los treinta años, lo conocimos de adolescentes, los días de las marchas del primero de mayo, el 11 de septiembre y/o el 12 de octubre. El Pedro o Pedra, como se llamaba a si mismo a veces, tomaba en la Panamericana la misma micro que nosotros para ir al centro, la 340, “Colón-Clara Estrella”. Muchas veces subía con cara de haber carreteado hasta la madrugada y pasado a cigarro. Así lo conocimos, y de vista ya nos saludabamos, de tanto encontrarnos durante varios años.
Era hacia finales de los 90, época en que las marchas jamás tenían permiso, por lo que te bajabas de la micro y empezaba el jaleo con la policía, en una de esas Lemebel nos comenta, que le encantaban  las posturas sensuales y los brazos de los encapuchados cuando resistían la represión, y nosotros nos reímos. Muchos años después nos lo encontramos de nuevo, en un campeonato de fútbol de organizaciones sociales. Lemebel, siempre estuvo más ligado culturalmente a la izquierda cercana al PC, pero ese día entre multitud de lienzos y banderas rojinegras, cercando la multicancha del sector, Pedro con su sinceridad habitual, nos dice que se encontró con la actividad, porque venía de haber estado con un “pololo” que vivía en la misma población, y que se había quedado anonadado mirando un rato el fútbol, al comprobar que los capuchas no sólo tenían bonitos brazos sino también buenas piernas. Nos reímos el doble que la primera vez.
Porque así era Lemebel directo, sincero, enamoradizo, consecuente y con una pluma que relató desde una perspectiva libertaria y no-dogmática la lucha contra la dictadura, la vuelta a la democracia y sobre las luchas propias de los homosexuales.
Compartimos con nuestros lectores dos obras de Pedro Lemebel,el primero, su manifiesto, un poema que recitó en el año 1986 en un acto politico de la izquierda, y el segundo, un escrito sobre las barras bravas en el contexto post-dictatorial.
Hasta la victoría siempre, compañero…el cielo rojo te espera!
MANIFIESTO (Hablo por mi diferencia)
No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.
LA ENAMORADA ERRANCIA DEL DESCONTROL
Salvándose de los controles policiales, los buses de las barras trasladan su desacato púber a todo el territorio sudamericano. Por la enorme carretera sur llevan el ronco canto de su desencanto por los pueblos y ciudades que los ven pasar con cierto temor. Porque cuando el bus se detiene por falta de alcohol o comida, ellos se bajan a pedir, y si no les dan arrasan con los Esso Market de la carretera, y dejan como prenda una bandera del equipo y el alfabeto prófugo de sus graffitis. Una escritura propia de la tribu barrial que mezcla trazos de signos góticos con letras filudas de la gramática rockera. Cruces invertidas y vocales de flechas, convocando satanismo y códigos precolombinos de lenguaje. Y todo este conjunto de jeroglíficos es la huella intraducible de su pellejo peregrinar. Por cierto indicios difíciles de leer para sus uniformados perseguidores. Sólo trazos, garabatos tiernos de su silabario sudaca, que incansable tizna las murallas recién pintadas de la democracia neoliberal.
Pareciera que en este gesto de rayar y rayar muros con la caligrafía profana de sus graffitis, ellos confrontaran críticamente el nuevo orden educacional del libre mercado, las políticas clasistas de las universidades y colegios privados que inauguró el modelo económico y a los que no tienen acceso los jóvenes pobladores que no pueden pagar sus altas mensualidades. Pareciera que los rayados de las Barras, fueran signos que decoran la ciudad conteniendo todo el desencanto que les dejó la transición democrática. Esta manera de hacerse visibles en la limpia pizarra urbana, delata su estigma de chicos duros ajusticiados por un sistema, que antes de nacer, ya les tenía escrito su prontuario.
Así y todo, ellos son los únicos que se la creen destruyendo las señales del tránsito que encuentran a su paso: los letreros del PARE, SIGA, NO DOBLAR, DETENGASE, los echan por tierra y van trazando una estela pirata en la experimentación anárquica que afiebra su camino. Los barrios pudientes tiemblan cuando algún partido de fútbol se realiza en el Estadio San Carlos de Apoquindo de la Universidad Católica, sobre todo porque días antes las autoridades declaran que han reforzado la protección policial a las casas de los ricos. Se implementa un costoso aparataje de represión, como si publicitando la prevención, se desafiara la batalla campal antes anunciada. Y así ocurre, así aparecen en la televisión las manadas de chicos esposados caminando cabeza gacha al retén policial. Pero no todos son detenidos, el resto, en enjambres de poética destrucción, se las cobran con los jardincitos, autos lujosos y toda la juguetería que ostenta la clase alta, el 1,8 por ciento de las familias chilenas que viven con ingresos mensuales de 7 millones de pesos y más. Tanto contraste socioeconómico acentúa la ira de los jóvenes proletarios, que luego del vandálico deporte desaparecen por la sombra cómplice que les brinda la urbe, regresan a su territorio al compás de sus cantos, con la melodía de sus himnos que rescatan viejas canciones del gusto popular y las reescriben con las demandas de nuevas letras. Así, las históricas marchas de la Unidad Popular que animaron la candidatura de Salvador Allende, vuelven a sonar como new cover de la vieja utopía. El conocido “Venceremos”, resuena hoy como un eco fresco en el Estadio Nacional que fuera campo de concentración en la dictadura. Pero ellos lo cantan sin nostalgia, sin repetir el triste optimismo de la arenga izquierdista y discursera. Sólo rescatan el hilo musical que ellos nunca entonaron en aquella lejana fiesta, que sólo les llegó en cassetes prohibidos o testimonios de padres y familiares exiliados o detenidos después del golpe. Por esto, aunque la prensa oficial los acuse de alma negra, drogadictos, vagos y borrachos, los chicos del margen saben elegir a la hora de entregar su adhesión (no su voto, son muy pocos los inscritos en los registros electorales). Ellos vislumbran en la penumbra ingenua de su joven emoción, la memoria estropeada del país que los vio nacer, y la vuelven a experimentar con los avatares de su batalla cunetera.
Para el ojo punitivo del sistema, representan las ovejas negras que dan mal ejemplo a la actual juventud exitista, conservadora e idiotizada por la Navidad consumista de los mall, shopping y centros comerciales del Miami chileno. Pero más bien, las pandillas barristas representan un excedente humano que altera la risa hipócrita de Chile triunfador. El jaguar descalzo del Cono Sur, el experimento económico que traza sus macropolíticas como una Ave Fenix sobre la techumbre oxidada de la periferia, sobrevolando soberbia el paisaje opaco de la cancha de fútbol donde los ángeles de suelas rotas amortigua su paso.

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