Eduardo Galeano, el revolucionario intelectual, que amaba el fútbol bello y con contenido

El escritor y periodista uruguayo, autor de libros emblemáticos como “Las venas abiertas de América Latina”, “Memoria del fuego” y “El libro de los abrazos”, murió en Montevideo a los 74 años. El jurado que le entregó el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de La Habana en 2001 lo definió como “un recuperador de la memoria real y colectiva latinoamericana y un cronista de su tiempo”.
Eduardo Germán Hughes Galeano nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, era hijo de Eduardo Hughes Roosen y de Licia Ester Galeano Muñoz, de quien tomó el apellido para firmar como escritor o periodista. Cuando era un adolescente comenzó a publicar caricaturas para El Sol, un periódico socialista en Uruguay, con el seudónimo de “Gius”, también fue obrero en una fábrica de insecticidas y pintor de carteles entre otros oficios, a pesar de provenir de una familia de la clase alta.

Se inició como periodista a comienzos de 1960 como editor del semanario Marcha y del diario Época luego del golpe de Estado en su país del 27 de junio de 1973 fue encarcelado y posteriormente se instaló en la Argentina. Una década después fue el director de la revista cultural y política Crisis, fundada por Federico Vogelius (1919-1986): “Fue un largo acto de fe en la palabra humana solidaria y creadora (…) Por creer en la palabra, en esa palabra, Crisis eligió el silencio. Cuando la dictadura militar le impidió decir lo que tenía que decir, se negó a seguir hablando”, dijo al cierre en agosto de 1976.
Ese mismo año, su nombre integró la lista de condenados por la dictadura militar argentina, presidida por Jorge Rafael Videla, y viajó a España. Allí escribió la trilogía “Memoria del fuego” (Los nacimientos, 1982; Las caras y las máscaras, 1984, y El siglo del viento, 1986) donde revisita la historia del continente latinoamericano.
Cronista de su tiempo, la visión de una América Latina unida se vio reflejada en su narrativa que se remonta a títulos como “Los días siguientes” (1963), los relatos de “Vagamundo” (1973), “El libro de los abrazos” (1989), “Patas arriba. La escuela del mundo al revés” (1998).
En 1985 regresó a Montevideo cuando Julio Marí­a Sanguinetti asumió la presidencia del paí­s por medio de elecciones democráticas. Junto a Mario Benedetti, Hugo Alfaro, entre otros funda el semanario Brecha. Y luego su propia editorial El Chanchito. Además, integró la “Comisión Nacional Pro Referéndum” (entre 1987-1989), constituida para revocar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, promulgada en diciembre de 1986 para impedir el juzgamiento de los crí­menes cometidos durante la dictadura militar en su país (1973-1985).
Por su obra, Galeano fue galardonado con el Premio Casa de las Américas 1975, 1978; Premio del Ministerio de Cultura del Uruguay 1982, 1984, 1986, American Book Award 1989, Premio Stig Dagerman 2010 y Premio Alba de las letras 2013.
En ocasión de recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de La Habana en 2001, el escritor dijo: “He amado a esta isla de la única manera que es, digna de fe, con sus luces y sombras”, mientras que el jurado definió con certeza al escritor y periodista como “un recuperador de la memoria real y colectiva sudamericana y un cronista de su tiempo”.
En 2004 escribió una “Carta al señor futuro”, que sintetiza sus anhelos. “Nos estamos quedando sin mundo. Los violentos lo patean, como si fuera una pelota. Juegan con él los señores de la guerra, como si fuera una granada de mano; y los voraces lo exprimen, como si fuera un limón. A este paso, me temo, más temprano que tarde el mundo podrí­a no ser más que una piedra muerta girando en el espacio, sin tierra, sin agua, sin aire y sin alma”, advierte en esa carta. “De eso se trata, señor Futuro. Yo le pido, nosotros le pedimos, que no se deje desalojar. Para estar, para ser, necesitamos que usted siga estando, que usted siga siendo -apunta-. Que usted nos ayude a defender su casa, que es la casa del tiempo”.
 Amante del fútbol bello y con contenido
“El fútbol se parece a Dios en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”. Con esta frase, fue crítico de la intelectualidad amarga de sectores de la izquierda que veía en el fútbol simplemente un opio del pueblo y no la posibilidad de que este fuera un terreno de disputa ideológica con la ideología dominante, tanto en sus canchas, en sus gradas y en la organización de los clubes profesionales y de barrio.
Es así como Eduardo Galeano, tuvo una particular relación con el fútbol. El escritor uruguayo siempre reconoció que su sueño de niño era ser futbolista, pero no era muy bueno. “Jugaba mal, muy mal. Era entreala derecho, lo que hoy sería un volante ofensivo. Pero fui un pata de palo. Así que al final me resigné, acepté mi destino y terminé intentando escribir para ver si podía hacer con la mano lo que con los pies no pude hcer nunca”. Así se definía Galeano, autor de “El fútbol a sol y sombra”, un libro que le rinde homenaje al fútbol.
“La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí”, explicaba Galeano. “El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía“, decía de forma crítica al fútbol actual, donde prima el negocio y el resultado.
A si mismo valoraba la rebeldía de quienes juegan contra la corriente, por hacerlo de una forma estéticamente bella, más allá del resultado, planteaba “Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”
Para Galeano los Mundiales eran sagrados. “Me mudo del Planeta Tierra al Planeta Pelota, igual de redondo pero más chico. Me dedico a ver todos los partidos, o al menos intentarlo. Pero me gusta sentarme con una cerveza bien fría delante de la TV y me meto en una pelota. Y de ahí no salgo hasta que el Mundial se termina”, explicaba en una entrevista en Página 12. A pesar de esa relación casi religiosa con  los mundiales, era el fútbol su centralidad, ya que siempre fue sumamente critico de todo el show y el negocio que se arma en torno a las grandes citas deportivas.
“Soy fútbol-adicto. Y esto viene de la infancia más remota porque mi padre me llevaba al estadio desde que yo era un bebé”, recordaba. “Fui un hincha rabioso de Nacional. Iba a la popular detrás del arco, la tribuna más pobretona y más violenta”, decía. Con el tiempo empezó a disfrutar del fútbol en sí, “especialmente cuando es bien jugado”. Admiró al Argentinos Juniors de Borghi, Olguín, Batista. “Me hizo feliz el título de Argentinos, la posibilidad de que se rompa el monopolio”, en referencia a su favoritismo por el menos poderoso.
Parodiando los nuevos tiempos del fútbol negocio y como han llevado su control represivo hacia lo que sucede en la galería, a eliminar la hincha y convertirlo en cliente, decía certeramente que “Jugar sin hinchada es como bailar sin música“.
Galeano admiraba a Garrincha porque “era como ver a Chaplin”, al uruguayo Abbadie porque “era un hombre con alas”, y hasta elogió a Lionel Messi porque “no perdió la alegría de jugar por el simple hecho de jugar”.  Galeano, que llevaba el fútbol en las venas, también habló de Maradona. “Es el más humano de los dioses, porque es como cuaquiera de nosotros. Arrogante, mujeriego, débil… ¡Todos somos así! Estamos hechos de barro humano”.
Diversas personas del mundo le despiden admirando su legado
Hubo palabras de recuerdo desde el mundo del fútbol argentino, dada la afición de Galeano por este deporte al que describió como “la única religión que no tiene ateos”. “‘Un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión… pero no puede cambiar de equipo de fútbol’ QEPD Eduardo Galeano”, compartió la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), en referencia a otra de las más famosas sentencias del escritor.
El club argentino Racing de Avellaneda también envió a través de las redes sociales sus condolencias a familiares y seres queridos de Galeano, “referente ineludible de la cultura latinoamericana, vinculado estrechamente con el fútbol”.
Evo Morales, presidente de Bolivia, dijo que con la muerte del “hermano” y escritor uruguayo “el mundo pierde a un maestro de la descolonización y la liberación de nuestros pueblos”. Morales destacó que los libros de Galeano están orientados “a evitar el saqueo económico en América Latina”, y que se trata de mensajes para que las nuevas generaciones “defiendan la dignidad y la soberanía” de los pueblos de la región. “Por eso me duele muchísimo la pérdida de la vida del compañero Eduardo Galeano”, sostuvo Morales.
América Latina perdió al “intelectual más claro y más profundo” con la muerte de Eduardo Galeano, dijo por su parte el escritor e historiador Osvaldo Bayer. “‘Las venas abiertas de América Latina’ va a pasar a ser la biblia latinoamericana”, expresó. “Ha muerto el mejor de todos”, destacó Bayer, quien recordó “su claridad, su sencillez”. “Se murió tan joven, cuando era capaz de vivir 200 años para seguir luchando por sus ideales y por América Latina”, resumió.
Nos quedamos, con esta frase relacionada con uno de los ejes de nuestro trabajo en la Escuela Fútbol Rebelde: “Los niños no tienen la finalidad de la victoria, quieren apenas divertirse. Por eso, cuando surgen excepciones, como Messi y Neymar, son, entonces ellos para mí unos verdaderos milagros”.
Hasta la victoria siempre, compañero Galeano, tu ejemplo, tu ética y tus letras seguirán de forma eterna en nuestras memorias de fuego, inspirando las construcciones y revoluciones de los pueblos del mundo que luchan por construir un mundo justo, digno y libre para todos y todas.

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