[Columna] “Así no nos gusta ganar o, el Chile neoliberal aplicado al fútbol”

Por futbolrebelde.org.- Primero aclarar que nos gusta que gane Chile, para que después no nos traten de amargados/as o traidores a la patria, como algún termocéfalo chilensis ya nos ha dicho alguna vez. Vibramos con el triunfo frente a España en el Mundial de Brasil el año pasado, también cuando rumbo a Francia 98 le ganamos al Uruguay de Francescoli, con el golazo del Matador Salas tras pase magistral de V. H. Castañeda, y para que decir, cuando el Chile de Bielsa le ganó a Argentina con el gol inolvidable de Orellana.
Pero en un contexto político y social como el actual, donde la corrupción, la trampa y la mentira se visualiza en todos los niveles del país, no podemos hacernos los desentendidos sobre lo ocurrido en el Nacional frente a Uruguay, y olvidarnos por un triunfo y un paso a semifinales, que para nosotros el fútbol no es un negocio ni un cuadrilátero de todo vale con tal de conseguir el éxito, ni olvidarnos del legado de aquella frase filosófica-futbolística que el Bielsa de todo el pueblo dejó caer como un misil sobre las conciencias de mucho: “lo importante no es ganar, sino la nobleza de los recursos utilizados”.
Por eso el triunfo frente a Uruguay nos quedó rebotando en la cabeza, porque no creemos en ganar a como dé lugar, a nosotras y nosotros los futboleros rebeldes, al menos nos da vergüenza ganar así y es por eso que celebramos este paso a las semifinales más contenidos que en la euforia desenfrenada de muchos.

Nadie va a negar que Chile, tiene los meritos y argumentos futbolísticos para ser campeón, con una de las mejores generaciones de futbolistas después de la del año 1962, pero como decíamos antes, a nosotros no nos importa sólo el triunfo, sino también el como se gana, el proceso de construcción de la praxis colectiva que consiga los triunfos. Será porque como chilenos del mundo popular y de izquierda, nunca compramos estos cantos de sirenas neoliberales sobre el exitismo y ni tampoco nos frustramos fácilmente ante la derrota, y si bien nos duele mucho perder, más nos duele no seguir luchando.
Pero está Copa América ha sido una vergüenza en cuanto a los valores. Exitosa en los valores medidos en dólares para unos pocos, claro está -ahí las empresas del fútbol negocio no se deben ni quejar-, pero una vergüenza en cuanto a los valores colectivos y humanos que debiese enseñar el deporte a las sociedades humanas para ayudarlas a crecer de forma integral, y lo que es peor más dentro que fuera de la cancha.
Es que vivimos en este Chile, que deja libres a los que se coluden para ganar más plata y ahogar las pequeñas farmacias de barrio -las tres grandes cadenas de farmacias, paradójicamente los paladines del libre mercado en la salud-, nos educamos en un país cuyos futuros ingenieros de la universidad más prestigiosa -según las malditas pruebas estandarizadas- copian por wasap para ganar en una prueba difícil de un ramo difícil y no tienen más una nota uno como consecuencia y tienen un siete las universidades que lucran con un derecho social como la educación, una nación que está llena de senadores, diputados, ministros y una presidenta que con tal de ganar elecciones reciben millonarias sumas de dinero de megaempresarios, a cambio de aprobar proyectos que mercantilizan los derechos sociales, destruyen el medio ambiente y precarizan los derechos laborales de millones de trabajadores y trabajadoras.
Y así como vivimos en un país, donde pasa eso y mucho más en lo social, el fútbol como expresión cultural tampoco está ajeno a este tipo de ideología neoliberal y hegemónica de ghttp://images-ahn.mdstrm.com/2015/06/17/144083_5580f727c1b0c.jpg?d=700x407anar a costa de lo que sea, aunque el fútbol como deporte en sí, no tenga la culpa, sí la tiene el fútbol mega-privatizado que rige hoy en día el profesionalismo en Chile y lanza sus tentáculos también hacia el futbol amateur y de barrio repitiendo las mismas prácticas a nivel micro. Un fútbol de mercado que contrata como seleccionador nacional, a un entrenador que detrás de la bandera del bielsismo, le aserruchó el piso al anterior DT y vendió el alma al diablo -que en fútbol sería venderle el alma a la FIFA, la Conmebol, la ANFP o alguno de sus auspiciadores- con tal de ganar. Un entrenador o suerte de comandante de este ejercito de kamikazes que no se pueden equivocar en la cancha o lesionar en los entrenamientos, porque su entrenador los borra, pero luego se pisa la cola en lo disciplinario, al justificar y minimizar el que un jugador chocara borracho en un Ferrari, casi matara a otra persona y luego le mintiera a todo un país, a través de un video, alegando una inocencia tan falsa como la de los políticos de los casos PENTA, SQM o Caval. Total que importa dice el entrenador, si Vidal me ayudará a ganar, y hasta la primera mandataria de ese mismo país que relatábamos antes le da un apoyo, que ya hubieran querido los miles de trabajadores en huelgas y paros que existen hoy en día, en todo Chile.
Los valores del deporte se expresan en sus protagonistas, en este caso sus futbolistas, y el tipo del Ferrari deja de ser simplemente un tipo, un sujeto, un individuo cuando pasa a representarnos a todos, ya que para muchos niños y jóvenes es un espejo a seguir. Claro un espejo, desde la mirada de los medios neoliberales, porque si tuviéramos la plata de Vidal ¿necesitamos gastarla en tener un Ferrari?. Claro que no, pero la historia de Vidal es la de un chico pobre, sin educación ni otros derechos sociales que es bueno para la pelota y logra ser campeón en Chile y en Europa, se compra autos de lujos, caballos fina sangre y se juega la plata en un casino cada vez que puede, el sueño del pibe, para los que tenemos poco y nada más que deudas, poder tener acceso al consumo de todo lo que el mercado nos ofrezca sin mucho esfuerzo más que hacer lo que más nos gusta: jugar al fútbol, el modelo de éxito de la Chilean Way.
Pero desde pequeñitos nos enseñaron que para ganar una guerra civil contra el comunismo internacional, valen las exoneraciones, la prisión política, las torturas, las desapariciones y el terrorismo de Estado, el militar y el económico. Y el bielsista que traicionó a Bielsa, lo aprendió muy bien, porque el mismo entrenador que perdonó a Vidal, usa mañas como comerle la oreja al guardalíneas para incidir en sus cobros con tal de ganar, acción que los periodistas alaban diciendo que sólo vive el fútbol con pasión. El mismo periodismo que con tal de ganar, y no seguir diciendo la frase hecha, “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, genera loas y justificaciones sobre que un jugador le meta -sin eufemismo alguno- el dedo en el culo a un rival, visiblemente afectado por un problema familiar, para sacarlo de su casillas y que se haga expulsar diciéndonos que es parte del folclore, de la viveza del fútbol, de la maña, que los otros siempre lo han hecho, que ahora sí estamos preparados para ser campeones, entre otras estupideces.
Porque para muchos idiotas-consumidores del fútbol, también son parte del folclore del fútbol el hombre del maletín, los mundiales comprados, la corrupción para elegir las sedes de los mundiales o los canticos racistas, xenófobos, machistas y homófobos de las mismas barras bravas que esos mismos periodistas deportivos quieren sacar de los estadios en el fútbol local, pero que cuando juega La Roja, dejan de ser delincuentes para convertirse en apasionados y consumidores hinchas con un gran “corazón de chileno” y amor a la “patria”, el fanático que tan bien describe Eduardo Galeano, en su libro “El fútbol a Sol y a Sombra”; el humillado que pasa a ser humillante, el miedoso que da miedo.
Porque nuestra selección acostumbrada al fracaso deportivo, como decía un comercial del mundial pasado, ahora sí que mete miedo. Mete miedo a los rivales, a Perú -el próximo rival y al de la final si pasamos- porque sus jugadores pueden hacer lo que quieran en cancha, meter el dedo en el culo o tocar los huevos de los rivales, tirarse al suelo de forma teatral y el árbitro nada hará, nada les pasará. Ahora sí que estamos orgullosos, porque dejamos de ser huevones -que en Chile significa ser correctos y leales-, orgullosos de por fin convertirnos nosotros en los mañosos y en los vivos, y quitarles esa franquicia exclusiva a los argentinos, uruguayos y brasileños, orgullosos de tener barrio -cuando en el barrio el fútbol se vive de forma más leal y esforzada que en el profesionalismo- y al que le moleste que alegue a la FIFA -Sí claro, a la FIFA, que es lo mismo que decir, anda a alegar frente a un nido de ratas corruptas-.
http://pbs.twimg.com/media/CIUAm5TWIAAYOdQ.pngY ante esto, los mismos medios se han dedicado a realizar una exhaustiva revisión de todas las veces que alguien ha hecho algo parecido a lo de “Jarita”, para seguir justificándolo, pero lo hacen porque sabemos que nuestro pueblo es digno pero inseguro y necesita que nos convenzan de que fue lo correcto con tal de ganar, pero la memoria no es frágil y sí que nos molesta ganar como nos ganaron a nosotros tantas veces, con una trampa, que no metió el gol de Islas, pero que sí le abrió el partido a un Chile que poseía el balón y rondaba pero no ponía en peligro el arco de Uruguay.
A los que somos del “Otro Chile”, ganar así no nos gusta, y lo diremos mil veces le moleste a quien le moleste, no somos puritanos pero creemos que el deporte enseña valores, y cuando es deporte profesional esa mirada no sólo debe ser aprendizaje sino también una obligación, tanto de los entrenadores como de los deportistas: la honestidad, el respeto, la lealtad, el juego en equipo y el compañerismo con amigos y rivales, son valores que no transaremos jamás, aunque por llevarlos a cabo no ganemos.
En días como estos, en que los profesores y profesoras, el mismo miércoles en que jugaba la selección, fueron brutalmente reprimidos, a metros de la casa de gobierno de la presidenta que nunca habla, pero que sí tiene tiempo de dar declaraciones a la prensa tras un partido de fútbol -cuando el partido se gana, claro está-, es cuando queremos mucho a nuestra bandera, pero tal como decía una canción, planchadita, planchadita, planchadita y también, bien guardadita.

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Escuela Fútbol Rebelde
Fútbol, Ideas y Revolución
Un entrenador genera una idea, luego tiene que convencer de que esa idea es la que lo va a acompañar a buscar la eficacia, después tiene que encontrar en el jugador el compromiso de que cuando venga la adversidad no traicionemos la idea. Son las tres premisas que tiene un entrenador. Napoleón no era un táctico, sino un estratega. Si tenía que cambiar, cambiaba. Eso vale para el fútbol también.
Cesar Luis Menotti
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