Simon Kuper: “Cuando un juego importa a millones de personas, deja de serlo”

Nacido en Uganda (1969), se crió entre Londres, Países Bajos, Estados Unidos, Suecia y Jamaica. Hoy reside en París y hace unos días tomó parte en la mesa redonda de la Fundación Athletic titulada «Fútbol, globalización e identidades». Además de periodista, es uno de los grandes escritores sobre temática deportiva y, más en concreto, futbolera. Su último trabajo, el laureado libro «Fútbol contra el enemigo».
Joseba VIVANCO
La Fundación Athletic, en una más de esas mesas redondas de auténtico lujo que de forma periódica organiza bajo el epígrafe “Thinking football”, reunió hace unos días a dos ilustres escritores `deportivos’ como Bill Buford y Simon Kuper, a los que también acompañó el conocido Axel Torres (aparece en la imagen). A finales de este mes verá la luz en castellano el libro “Fútbol contra el enemigo. Un fascinante viaje alrededor del mundo en busca de los vínculos secretos entre el fútbol, el poder y la cultura”, cuyo autor, Simon Kuper, viajó a veintidós países, de Argentina a Camerún, de Ucrania al Zaire, de Brasil a Sudáfrica, para investigar la influencia que el fútbol ejerce en la política, en la cultura y en la sociedad a nivel planetario.
El fútbol es fútbol, se repite a menudo. ¿Solo fútbol?
Fútbol es fútbol, es decir, es un gran juego, pero también es mucho más que eso. En el libro intento mostrar cómo dictadores, revolucionarios, mafiosos y, en general, todo el mundo intenta utilizar el fútbol para sus propios objetivos. Como digo en el libro, cuando un juego importa a millones de personas, deja de ser solo un juego.
¿Qué es lo que le atrajo para decidirse a profundizar en la influencia que el fútbol ejerce en la política, en la cultura, en la sociedad?
Mi padre es antropólogo, así que crecí con la idea de que la cultura popular puede enseñar muchas verdades de cada país. He escuchado muchas historias sobre hasta qué punto el fútbol es importante en determinadas sociedades. Por ejemplo, escuché que cuando Brasil ganó el Mundial del 70 mantuvo al régimen militar en el poder. Al final, esta historia no era del todo cierta, pero estimuló mi curiosidad. También había escuchado que cuando el Rangers se enfrentaba al Celtic en Glasgow, las tensiones entre católicos y protestantes de Irlanda del Norte aumentaban. Crecí en Holanda y vi cómo en 1988, cuando Holanda ganó a Alemania en la final de la Eurocopa, millones de holandeses salieron a las calles a celebrar el triunfo. Esa gente vivía ese triunfo como la revancha de la II Guerra Mundial. Por lo tanto, decidí ir en búsqueda de este tipo de historias y escribir este libro.
¿Y con qué historias se ha encontrado en esa búsqueda?
Cuando tenía 21 años, estaba escribiendo un texto explicando cuál era mi idea del libro para mandársela a un editor; éste me pidió que escribiera un primer capítulo. En esa época, vivía en Berlín y encontré un hombre que había sido interrogado por la Stasi, policía secreta de Alemania del Este, y que después fue expulsado del país simplemente por ser seguidor del fútbol occidental. Cuando este hombre me estaba contando su historia, yo estaba sentado en el sofá de su casa sin dar crédito a lo que estaba escuchando. Imaginaba que el fútbol podía tener peso político, pero nunca imaginé algo así.
Lo que usted decía antes, no es solo un juego…
El poder, con mayúsculas, suele intentar utilizar el fútbol, pero no siempre puede. Por ejemplo, en la Argentina de 1978, el régimen organizó el Mundial con el objetivo de aumentar su popularidad interior y exterior. Los generales creyeron que el Mundial fue un éxito, pero yo creo que el Mundial no ayudó a la Junta Militar argentina. De hecho, el Mundial ayudó a la opinión pública internacional a darse cuenta de las terribles cosas que estaba escuchando.
En el Estado español, durante el franquismo, se popularizó la frase «pan y fútbol». ¿Sigue teniendo hoy, en general, esa consideración como elemento alienador de la opinión pública?
Los dictadores suelen pensar que al pueblo solo le tienen que dar `pan y fútbol’, como dice usted, pero se equivocan. Es cierto que incluso en la sociedad actual, el deporte puede mantener a la gente fuera de la política, pero por otro lado el fútbol puede significar también una fuerza revolucionaria. En los países no democráticos, el único sitio donde miles de personas se pueden reunir y gritar es en los estadios. Barcelona, en la época de Franco, Irán en los años recientes o Egipto durante la primavera árabe son ejemplos de cómo los `ultras’ han ayudado a hacer la revolución. El fútbol se utiliza en contra del poder tanto como el poder lo utiliza. Todo el mundo trata de utilizar el fútbol. Los gobiernos organizando mundiales o fotografiándose con los equipos ganadores, las multinacionales o los revolucionarios, como es el caso de Egipto. La revolución egipcia me ha fascinado como el perfecto ejemplo del poder de las aficiones.
Jorge Luis Borges dijo que «el fútbol es popular porque la estupidez es popular». ¿Lo comparte?
Borges se equivoca, y mira que Borges es grande. No hay nada estúpido en que te guste el fútbol. Es un gran juego, bello y muchas veces complicado y sofisticado. Pero sí es cierto que hay maneras estúpidas de seguir el fútbol, como escuchando los programas nocturnos en los que la gente llama para rajar de los árbitros… a veces me entran ganas de llamar y decir `pero, ¿no os dais cuenta que esto no tiene la más mínima importancia?’ Pensar que si tu equipo gana o pierde un domingo cualquiera o si el entrenador de tu equipo debería mantenerse en el cargo son cosas importantes, eso sí es una idea un poco estúpida.
¿Qué tiene entonces este deporte para desatar tantas pasiones, miedos, esperanzas… realmente, como decía Eduardo Galeano, «el fútbol es la única religión que no tiene ateos»?
La comparación entre fútbol y religión la encuentro manida y desafortunada. Creo que el fútbol provoca pasiones porque es un juego fantástico, porque es un juego que enfrenta a una tribu contra otra y porque, de alguna manera, es el escenario ideal para canalizar las pasiones más íntimas.
En este libro se centra en el lado antropológico de este deporte, pero antes lo hizo en el económico. ¿La actual crisis internacional está haciendo recapacitar también al negocio del fútbol?
Mi libro “Soccernomics” -publicado en castellano con el título “El fútbol es así”- trata de la economía del fútbol. Es increíble el poco impacto que ha tenido la crisis en el fútbol. Ningún club importante europeo se ha arruinado, en cambio ¿cuantos bancos han desaparecido? Los clubes parecen inmortales. El Real Madrid nunca entrará en bancarrota a pesar de la inmensa deuda que tiene, siempre habrá alguien que lo salve, seguramente porque la gente quiere más a su club de fútbol que a su banco.
Por contra, una consecuencia de la crisis es que los bancos y acreedores han ordenado a los clubes de, digamos, segundo nivel, como Valencia, Lazio o Rangers, dejar de gastar. Clubes que no desaparecerán, sobrevivirán, pero tendrán que gastar menos y su nivel competitivo bajará, si no lo ha hecho ya.
¿El fútbol corre el peligro de morir de éxito?
El fútbol profesional nos sobrevivirá a todos nosotros.
El fútbol es un negocio, pero… ¿quién gana y quién pierde?
Los clubes de fútbol son meros instrumentos para transferir dinero a los jugadores y los representantes. Los jugadores son los que se llevan el dinero y es justo que así sea, ya que ellos son los protagonistas. Las televisiones, los sponsors y las marcas deportivas también hacen dinero con el fútbol. Los propietarios que compran clubes, los bancos que prestan dinero y los aficionados que pagan son los que pierden dinero.
¿Abramovich, dueño el Chelsea, es un mecenas o un empresario?
Abramovich no compró el Chelsea para ganar dinero, lo compró por el mismo motivo que los millonarios compran cuadros, mansiones o yates. Vanidad. Lo que le está pasando ahora al Chelsea es que la guardia pretoriana que triunfó con Mourinho, los Drogba, Lampard, Andy Cole…, se ha hecho mayor. Y el club no ha sabido renovar la plantilla o quizá Abramovich se ha cansado de su juguete.
¿Qué le sugiere que un club desconocido como el Anzhi ruso se gaste millonadas en fichajes?
Es triste. Unos cuantos oligarcas se apoderadon de los recursos naturales de Rusia y se han hecho billonarios. Un club como el Anzhi, o el Chelsea, es un insulto a la población rusa a la que se le ha robado el petróleo, el gas o el cobre que le pertenecía.
«Los delanteros centro están sobrevalorados… como los brasileños»
En su anterior laureado libro “Soccernomics», Kuper hacía un repaso al fútbol desde una óptica del negocio, de los porqués del éxito de algunos clubes, de las buenas y malas gestiones, incluso de las razones por las que los equipos prefieren a los jugadores rubios.
¿Fichar a Cristiano Ronaldo es garantía de éxito económico para un club?
El Madrid no compró a Cristiano para ganar dinero, sino para ganar títulos. El objetivo principal de los clubes es ganar títulos y satisfacer a sus fans. Sé que a Florentino Pérez y José Angel Sánchez les gusta decir que las decisiones del Madrid se basan en criterios económicos. Yo no creo que sea así.
¿Es cierto que Arsene Wenger es economista?
¿Y qué tal le han ido las cosas al Arsenal?
En los últimos años, muchos clubs han adaptado los métodos de Wenger y el Arsenal ha perdido su ventaja competitiva. Además, el Arsenal tiene menos dinero que el United, el City y el Chelsea, así que es normal que Wenger no haya ganado la liga desde 2005.
En su libro «Soccernomics» se refiere también, dentro de esa manera de gastar dinero por los clubes, a los errores más habituales en el mundo del fútbol, ¿como cuáles?
Pues como que los delanteros centros están sobrevalorados, que algunas nacionalidades como los brasileños también, que no hay que comprar nunca un jugador después de que haga un buen Mundial o una Eurocopa o que la mejor edad para fichar a un jugador es entre los 20 y los 22, porque los jugadores más maduros están sobrevalorados.
En el fútbol de hoy se dice muchas veces que ya no hay enemigo pequeño. ¿Es eso cierto o siempre seguirán ganando los mismos equipos?
Los equipos que pagan mayores salarios suelen ganar los campeonatos y los clubs que pagan menos suelen quedar en la cola. Cuanto más dinero genera el fútbol mayores se han hecho las diferencias entre los grandes y los pequeños. Pero si los aficionados dejaran de apoyar a los clubes pequeños, la mayoría de ellos no existirían porque casi todos los clubes son perdedores. Al contrario de lo que se cree a nivel popular, a la mayoría de los hinchas no les preocupa ganar.
¿Por qué le han dado un Mundial de fútbol a Qatar?
No tengo pruebas pero creo que algunos miembros de la FIFA fueron sobornados. Platini no fue sobornado, pero creo que Sarkozy le instó a votar en favor de Qatar debido a los intereses franceses en el país. En todo caso, considero que es una terrible decisión para el fútbol. J.V.
Fuente: http://gara.net

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