[Columna] ¿Dónde quedaron los viejos valores del balompié?

El fútbol es un deporte para caballeros jugado por hooligans
y el rugby es un deporte para hooligans jugado por caballeros

Dicho popular británico
Por Pablo E. Montes Palomares.- No existe un decálogo donde se enumeren los valores fundamentales que se tendrían que respetar mientras se juega un partido de futbol, existen los reglamentos emanados por FIFA, pero en ellos no se encuentra la esencia del deporte mismo. Sin embargo, cada persona que se apasiona por el balompié, conoce de manera “inconsciente” los cánones básicos que se deben velar para así asegurarnos de tener un digno evento deportivo. Dichas pautas no son exclusivas del futbol, se comparten entre los diferentes deportes e incluso en las prácticas de la vida diaria.
Son un par de palabras las que resumen los valores no escritos del futbol: Fair Play, expresión de origen inglés que agrupa un gran número de situaciones loables y que derivan de la nobleza, el respeto o la educación. Más allá del sentido clasista de la palabra, hablar de nobleza es hablar de honestidad; en el campo de juego se tiene que ser honesto, se puede reclamar una decisión arbitral o se puede fingir dolor demás después de sufrir una falta, actitudes a veces criticables pero que atienden al carácter teatral del balompié, finalmente se acata la orden del juez y se cobra la falta o se recibe a regañadientes la tarjeta aunque no se esté de acuerdo, en el entendido que el árbitro está siendo honesto.

Cualquier partido de futbol es un ceremonial hacia el valor del respeto, toda la dinámica que se genera antes, durante y después de un partido va dirigido a ello. Desde que los dos equipos a enfrentarse se sitúan en los túneles de salida a la cancha, se preparan para saludar a la afición y escuchar los himnos, se debe mostrar respeto: a la afición, al rival como jugador y a los colores o escudo que representan. El desarrollo del partido es una oda a la dignidad deportiva, al disfrute lúdico y a la rivalidad amistosa.
Del respeto llegamos a la educación, en una definición no teórica el concepto nos traslada a los ámbitos de la disciplina, la formación tanto mental como física que deriva en un solo objetivo: el equilibrio que lleva a la destreza en la práctica del futbol y más tarde a la maestría. Solo los que logran dicho equilibrio se pueden echar a cuestas un equipo, estamos hablando de los directores técnicos y los capitanes quienes fungen como guías catalizadores y en su esfuerzo continuo dejan escuela para que más tarde lleguen otros a ocupar sus puestos.
El Fair Play es eso que premia el compañerismo sobre el compadrazgo, es eso que potencia el disfrute de la victoria desde el respeto a la rivalidad, es eso que rinde frutos desde el concepto del trabajo en equipo, es eso que observa se vigile el deportivismo, es eso que recompensa el sacrificio o el esfuerzo, es eso que permea desde la humildad y la gratitud. El Fair Play en el futbol es lo más importante, es lo que lo dota de valores y aún más allá, es todo un estilo de vida.
Esos “viejos valores” son los que hicieron que cientos de miles de personas se enamoraran del futbol, y los llamaremos “viejos” ya que cada vez es más difícil notarlos en el balompié actual, a la mayoría de los futbolistas se les han olvidado. Los eventos futbolísticos de hoy día parecen más una expo de empresas, desde afuera de los estadios se observan los pendones de anunciantes, en la gradas y alrededor del campo de juego. Los jugadores, como dijera Galeano, saltan al terreno de juego ataviados en sus uniformes que parecen anuncios ambulantes.
Los futbolistas profesionales se preocupan más por la victoria que por el disfrute, se preocupan más por los ceros en sus chequeras que por los ceros en los marcadores. Es por ello que el Fair Play escasea, se encentra en peligro de extinción, la pérdida o el olvido de esos “viejos valores” han hecho que las manifestaciones de deportivismo en el futbol sean escasas. Así, cuando vemos una de estas expresiones nos parece tan sorprendente que la celebramos, la disfrutamos y la comunicamos a cuanto extraño se preste.
El futbol de hoy carece de todo ello que le dio origen, pero seamos más específicos para no caer en generalizaciones. Los “viejos valores” rejuvenecen cada vez que se juega un partido de benjamines, donde un puñado de niños corre detrás de un valón sin importar sus posiciones dentro del campo y a veces suelen ser capaces de festejar cualquier gol sin importar si fue del rival. Esos “viejos valores” cobran nueva vida en cada ocasión que el potrero, el llano o el campo a la orilla de una carretera sirve de punto de reunión para que un par de equipos suden la camiseta como si no hubiera mañana y al final compartan bebidas como dignos rivales.
Así entonces, los “viejos valores” solo han sido olvidados por los profesionales, por el futbol institucionalizado, el futbol empresarial que busca llenar arcas de billetes a costa de nuestras pasiones y que muchas veces deja de serlo solo para convertirse en negocio. El futbolista como esclavo moderno actúa como un ente autómata, que es incapaz de pensar por sí mismo, es por ello que no comprende el compromiso histórico que adquiere con el simple hecho de patear un balón, de ahí que no se respeten conceptos tan simples como los “viejos valores” de los que se desprende el Fair Play.
Aún existen algunos futbolistas profesionales que olvidan el olvido y surge el recuerdo, brota el ansia de jugar por el puro disfrute, mana el gusto de pisar el pasto y respirar el aroma que desprende. Todo ello se conjuga y logra el resurgir de ese viejo futbol, a veces impregna un partido completo y otras sólo algunas pequeñas jugadas o acciones, cuya escasez hace grandes.
Es por ello que a lo mejor casi todo México esperaba que Andrés Guardado mandara por un costado el penal polémico del pasado miércoles, implorando una de esas pequeñas acciones, que aunque se hubiera desarrollado en segundos, bastaría para ver surgir una leyenda.
Pero no fue así: el Fair Play tendrá que esperar; los “viejos valores” se resisten a morir.
Fuente: Eslocotidiano

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