Bielsa descubrió que la confianza se había acabado y pegó un portazo

Por Cristian Grosso.- Dejó la cancha como siempre, eléctrico y decidido hasta que se lo tragó el Velodrome. Algunos minutos después apareció por la sala de conferencias con sus lentes de bibliotecario. “Me siento triste y frustrado porque no esperaba esta derrota. Tuvimos una docena de oportunidades de gol…, tantas que debimos ganar”, analizaba la inesperada derrota por 1 a 0 ante Caen, en el estreno de la Liga francesa. Durante media hora Marcelo Bielsa avanzó con las explicaciones, aún sabiendo que ya no era el entrenador de Olympique de Marsella. Hasta precisó que “en los próximos días trabajaremos en la definición”, planificando el antídoto para una producción tan enemistada con la eficacia. Pero no había futuro.
De repente, renunció. “J’ai terminé mon travail ici, je vais rentrer dans mon pays”, escucharon los periodistas. El traductor era el portavoz de la noticia del día: Bielsa dejaba el club para volverse a la Argentina. El entrenador entregó una carta, la misma que le había hecho llegar minutos antes al presidente del club, Vincent Labrune, para que el traductor tomase un protagonismo que jamás hubiese imaginado. Bielsa sintió que la institución le falló. ¿Por qué igual dirigió la primera fecha, por qué respondió las preguntas futbolísticas como si nada pasara antes de relatar que se marchaba? Es su manera de respetar la palabra contraída. No se trata de entenderlo, Bielsa es especial.

El miércoles se reunió con el director general del club, Philippe Pérez y con el abogado Igor Levin, en representación de Margarita Louis-Dreyfus, la millonaria propietaria de Olympique. No participó el presidente Vincent Labrune y Bielsa descubrió que nada estaba como creía. “Me informaron que querían cambiar algunos puntos del acuerdo que ya hemos convenido. Ambos dijeron que tenían el poder para asumir estas posiciones”, le explicó ayer a Labrune a través de la nota. En ella lamenta irse, cuenta que rechazó varias ofertas importantes con tal de permanecer en Marsella (el nuevo vínculo era hasta mediados de 2017) y confiesa que ya se había adaptado a sucesivos cambios en el proyecto. Pero llegó a un límite. “No puedo aceptar la situación de inestabilidad que han provocado al querer cambiar los términos del contrato”, sentenció.
Horas después, Labrune respondió con otra carta, en la que puso a Franck Passi interinamente a cargo del plantel. Contó sentirse “aturdido” por no entender la posición de Bielsa. “Todos sus deseos habían sido cumplidos”, se defendió.
Apasionado, Bielsa se marchó de otro sitio en el que era adorado por sus fanáticos: Marsella, un club con perfil autodestructivo. Siempre políticamente incorrecto, ayer algunos periodistas reaccionaron con indignación en la misma conferencia. Y muchos fans estallaron en las redes sociales ante lo incomprensible. ¿Por qué después de la primera fecha? Bielsa había revolucionado una ciudad. “Olé olé olé, Bielsá, Bielsá”, se escuchaba con el Velodrome. Su propuesta futbolística atrajo en la temporada pasada a más hinchas que nunca antes en la historia de Olympique: 1.007.032 personas fueron a verlo, algo más que en la 2004/05, hasta entonces el récord. “No me voy de aquí para ir a otro lugar”, alertó ayer, enseguida. Sabe bien cómo funciona la maquinaria: apenas se conoció su renuncia, cientos dieron por descontado que tendría un precontrato firmado con la Federación mexicana, que admitió estar interesada en contratarlo.
Si alguien cree que Bielsa renuncio porque perdió 1-0 con Caen, en el Velodrome, el primer partido de la Ligue 1? no conoce nada sobre el rosarino. Si alguien cree que se fastidió porque le vendieron a cinco titulares (Ayew, Gignac y Payet, sus pilares ofensivos, autores de 51 goles en la 2014/15, más Morel e Imbula) con respecto al plantel que finalizó cuarto la temporada pasada? también estará equivocado. La razón escapa a razones estratégicas. Bielsa es contracultural. Es diferente. Apasionado, se entrega a un trabajo que lo moviliza hasta la obsesión. Para algunos incomprensible, para otros de una brutal honestidad. Quijotesco, siempre intenta descabezar maniobras malintencionadas. Odia la mentira. Cuando la descubre, el final es inminente. También odia el circo, pero no ha podido evitar en los últimos años un halo de misterio y desprolijidad envuelvan sus desvinculaciones: AFA, Chile, Athletic Bilbao? Marsella. Todas distintas, pero con finales alborotados.
La sorpresa fue absoluta. Especialmente porque en su primera aparición pública antes de afrontar la segunda temporada, el jueves pasado, había declarado con entusiasmo: “El programa de incorporaciones en el club se hace durante 3 meses. Las transferencias de esta temporada han sido muy bien gestionadas por el club”, distinguió. Incluso se abrazó a su habitual nivel de autocrítica cuando lo invitaron a repasar las razones del bajón que sufrió su equipo en el último tercio de la temporada 2014/15: “Creo que es una cuestión vinculada con el estado de ánimo. El estado de ánimo tiene que ser siempre el ideal y ahí reconozco que tengo limitaciones”. Al mismo tiempo, el capitán del equipo, el arquero Steve Mandanda, aseguraba que Bielsa era “el hombre clave” de Marsella. Ese grado de implicancia se había construido. Por eso ayer los jugadores aparecían desarticulados cuando se enteraban de la renuncia por las redes sociales. Bielsa no les había comunicado nada antes de dirigirse a la conferencia. Algunos aceptaron sentirse decepcionados.
“Observo si soy imprescindible o no?, y creo que no lo soy”, aseguró el jueves pasado Bielsa cuando le contaron los elogios de sus dirigidos. Ese día se esmeró por aclarar que su contrato estaba acordado, pero no firmado. ¿Sabía de su salida? Quizá la intuía. Cuentan que el viernes resultó clave: allí se convenció que el vínculo no sería el mismo, que los términos que con Labrune se habían establecido en varias charlas desde mediados de julio, ya no se iban a respetar. “Perdí la confianza en los dirigentes. Por eso me voy como técnico de esta institución. Puse todo lo que tenía en este equipo”, sentenció ayer en diálogo con la prensa. Siempre con la mirada hacia abajo. En el final de la carta a Labrune, lanzó una condena: “El trabajo conjunto requiere un mínimo de confianza que no tenemos”. Bielsa es muy vulnerable a la falta de respeto.
El futuro es otro misterio. Podría presagiarse la reclusión y un año sabático en su campo de Máximo Paz. No habría que esperar que tome otro club ni la selección mexicana como paso inmediato a su sorpresiva despedida de Marsella. Bielsa es un inadaptado social, pero el más coherente del que se tenga registro.
Fuente: La Nación (Argentina)

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