[Columna] “Los Clubes y el gérmen de un proyecto impugnador”

Por Sebastián Ponce Olmos.- “El primer equipo entra a la cancha. Más de 500 mil personas ovacionan a los jugadores al salir del túnel. El estadio se llena de fuegos de artificios, se escucha el sonido de los flashes y el movimiento de cámaras. La cancha más impoluta que nunca, cada parte de ella, cada elemento participante del espectáculo es cuidado al detalle, la alta definición es implacable y el albo debe ser una perfección. Comienza el partido, Colo Colo es trending topíc de inmediato, #albocampeon.
Los jugadores llevan un celular en un bolsillo especial para celebrar los goles con una selfie o postear sobre sus reclamos contra el árbitro o rivales antes, durante y después de cada encuentro. Muchos han sido sancionados por oficio.
Las antiguas gradas se reemplazan por grandes paneles digitales donde se proyectan imágenes en streaming de aficionados viendo y celebrando el partido en los sillones de sus casas o en una muchedumbre desconocida del algún bar. Las únicas presencias físicas además de los funcionarios del club se divisan en los palcos, especialmente acondicionados para el confort de invitados especiales y de los regentes de la sociedad anónima.
Al final, Colo Colo pierde tres a dos y, aunque juega un partido vibrante y de mucho coraje; el juicio es implacable. El defensa central y el director técnico son despedidos vía votación del público, “van dos fechas y Colo Colo no puede perder ningún encuentro”. Se contratan 6 refuerzos seleccionados a través de un grupo de especialistas en estudios de imagen.

El fútbol chileno vive otra de sus innumerables crisis, con muchos equipos de papel, franquicias que usan el nombre de los antiguos clubes de ciudades pero que, en la práctica, se ubican en distintos sectores de la capital. Grandes equipos de publicistas, humildes cuerpos técnicos. En el último año fueron dos los clubes que se disolvieron por sus magros resultados…en las ventas de camisetas y artículos de marketing.
El equipo se retira de la cancha, por el alto parlante resuena metálico y con una inmensa nitidez y soledad el himno… “su nombre vibra desde el mar a los Andes y hay en sus triunfos esfuerzo y emoción…”
Esta posible distopía sería una extrapolación de lo posible, la estilización y consolidación definitiva del fútbol profesional como una mera pieza de entretenimiento. La expropiación completa de nuestro juego.
Desde el intento fracasado de privatización de los dos mayores clubes del país luego del golpe de estado, como se reseña Eduardo Santa Cruz en Crónica de un encuentro (1991); hasta la quiebra orquestada de Colo Colo y Universidad de Chile como justificación  primordial para aprobar la ley de sociedades Anónimas deportivas, como urgente proceso de modernización del fútbol chileno; se podría describir una larga trama de hechos y procesos de vaciamiento, exclusión y elitización del fútbol profesional. No es mi intención explorar o desmenuzar estos vericuetos. Más bien dialogar desde esta constatación con el opuesto; con la construcción comunitaria, con la base social de estos clubes; que a pesar de todo ha resistido a lo largo del tiempo, y la cercanía de ellas con las lógicas de organización históricas de los clubes deportivos amateur; instituciones determinantes a lo largo del siglo XX en la construcción del tejido social urbano en los sectores populares.
La resistencia y la lucha por la recuperación de Colo Colo desde el Club Social y el Movimiento Colo Colo de Todos, las luchas que lleva adelante el Movimiento 15 de Agosto desde la corporación del club Santiago Wanderers, iniciativas como Fútbol Rebelde y la refundación de clubes de barrio entre otras; deben ser inevitablemente puestas en perspectiva desde una praxis histórica de este tipo de instituciones sociales (con rupturas, discontinuidades y transformaciones evidentes) que ha resistido a lo largo del siglo XX y el comienzo de este. El ejercicio histórico de Brenda Elsey (2011) donde ha estudiado el fútbol amateur chileno, resulta inédito e ineludible en esta tarea (la cual ha tenido poca o nula figuración e importancia dentro de los discursos historiográficos hegemónicos, que otorgan relevancia solo a las organizaciones político-partidistas y a los conflictos entre sectores de las elites). Su tesis principal sostiene que los clubes amateurs sir­vieron para integrar a la clase trabajadora a la política, conectándola con los partidos políticos y ofreciéndoles espacios inéditos para ejercer la crítica social, transformándose con ello en verdaderos articuladores entre el Estado y la sociedad civil a nivel local; siendo un proceso de incremento progresivo que tiene como fin el golpe de estado de 1973; para luego sufrir las consecuencias de la desmovilización y fragmentación ejecutadas por la dictadura, al igual que muchas organizaciones populares, entrando en fases de precarización y abandono.
La relevancia de estas organizaciones dentro de los nuevos asentamientos urbanos que se establecían en la periferia de las ciudades es determinante: desde la gestión de recursos del estado, la promoción de la sociabilidad entre los vecinos, la mutualidad y solidaridad entre los habitantes, la vinculación con las organizaciones de trabajadores y; la reivindicación del tiempo libre y la utilización de los espacios públicos; entre otros, dieron densidad y riqueza a los barrios populares como espacios sociales. Una manifestación clara de esto fue la creación a principios de los 50’ de ANDABA  (Agrupación Nacional de Deportistas de Barrio) y que fue preponderante desde la década de los 60’, siendo parte fundamental de los barrios obreros, defendiendo la preponderancia del deporte amateur y su carácter popular; constituyéndose en definitiva como uno de los nodos importantes en la construcción del llamado poder popular.
Las transformaciones estructurales que trajo como consecuencia la dictadura y la instalación violenta del modelo neoliberal (consolidado en los gobiernos de la Concertación) han calado en la profundidad de las esferas de la vida social y las organizaciones populares. La fragmentación del trabajo vía subcontratación, el plan laboral, los procesos contemporáneos de segregación urbana; entre otros, devinieron en la pauperización de los clubes deportivos y su actividad a lo largo de estos 30 años; siendo sin embargo, una de las únicas instituciones resistentes ante la privatización de los social propuesta por este modelo cultural de un alto contenido de fragmentación e individualismo.
A pesar de las presiones de las sociedades anónimas, a pesar de la cooptación y el clientelismo de parte del aparato del Estado, a pesar de privatización de la vida comunitaria, de la desconfianza en el otro; los clubes sociales, las corporaciones, las filiales y los distintos clubes deportivos diseminados en los territorios de nuestro país, han resistido y prevalecido en su praxis, estableciéndose como referentes dentro de la construcción comunitaria, hecho que se actualiza ante distintas situaciones de emergencia vividas por los vecinos en ausencia o abandono del Estado (Dos ejemplos distintos y actuales al respecto: la relevancia de los clubes de fútbol amateur en los cerros de Valparaíso que sufrieron con el incendio del año 2014 organizando y canalizando rápidamente la ayuda ante la lentitud y la ausencia de las autoridades de gobierno. El segundo caso, tiene que ver con el papel de los clubes deportivos amateur de la ciudad de Iquique que, ante la ausencia o lentitud del Estado luego del terremoto y tsunami que afectó a esa ciudad el año recién pasado; activaron sus instalaciones para refugiar y atender a la gente que tuvo que evacuar de las zonas inundables).
La reflexión al respecto no es la reconstrucción de un patrimonio o de una mera memoria histórica, de episodios y momentos pasados sino que; relevar desde esta perspectiva histórica, el significado profundo que tienen este tipo de organizaciones en lo social; reconociendo el gérmen de un proyecto de sociedad distinto al imperante, un proyecto que impugne desde la base a este sistema de explotación, de fragmentación e individualismo que nos mantiene atrapados en la servidumbre material y simbólica. La potencialidad es grande, el desafío es inmenso. Ante la crisis institucional de este orden ¿Cómo desde estas organizaciones definimos una estrategia de impugnación de este modelo cultural?, dejando de entender estos espacios como de mera resistencia y pasar a la “ofensiva”. Dos cuestiones que aparecen de inmediato: la vinculación sólida y definitiva con las demás organizaciones sociales que han ido regenerándose o surgiendo en los espacios barriales en los últimos 15 años (centros culturales, colectivos, organizaciones juveniles, etc.); y un trabajo conjunto con otros clubes deportivos, profesionales y amateurs, logrando sobreponer la identidad de clase a las identidades deportivas, las cuales han generado “rivalidades históricas”. El desafío es, finalmente, cómo pensamos luchar por elegir una nueva forma de habitar en esta tierra, por nosotr@s y por los que vendrán, con el fútbol -ese deporte que nos reúne y nos apasiona-, como punta de lanza.
(*) Núcleo de Estudios en Sociología del Fútbol @nucleofutbol – Centro de Estudios Socioculturales del Deporte (CESDE).
Fuente: Filial Maipú CC

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