Crisis del fútbol chileno: Única solución, garantizar el derecho a la recreación y derogar la ley de SAD

Como en cada caso de corrupción que ocurre en este país modelo del progreso para unos pocos y de endeudamiento para las mayorías, aparecen con la clásica cantinela de hacer nuevas leyes de transparencia, y algunos, los más incautos, creen que cambiando los monos de la ANFP el zoológico se ordenará, pidiendo la salida de todo el directorio.
Hasta Mayne-Nicholls se viste de santo en estas épocas cuando fue uno de los principales promotores de la privatización de los clubes sociales y deportivos y está cuestionado por su rol en la elección de Qatar como sede del mundial 2022 mientras fue funcionario de la ultra cuestionada FIFA.
Pero el problema es mucho más profundo, no se trata de sólo de exigir honestidad más o menos, sino de transformar en lo profundo un modelo de sociedad donde prevalece la ambición y la codicia del dinero por sobre las comunidades, el negocio por sobre los derechos sociales, el fútbol de mercado por sobre el fútbol popular.
No es algo nuevo, se sabía de antemano con la privatización -inducida desde el Estado neoliberal chileno- de los clubes sociales y deportivos, que muchas cosas de la cancha ya no se decidirían en el rectángulo de pasto, sino en oficinas, bolsas de valores, con empresario, ingenieros y economistas, en lugar de hinchas, socios y futbolistas.

Quizás cuantos arreglos de partidos, de campeonatos, de ingresos por sponsors se realizaron durante el periodo del fútbol neoliberalizado y que aún no salen a la luz pública. Pierda quien pierda, campeone quien campeone, el empresariado jamás pierde, porque las leyes y su negocio fueron hechos a la medida de sus necesidades y privilegios. Es consabido que la plata se queda dentro de los mismos círculos y circuitos empresariales, ya que los accionistas mayoritarios de los clubes se quedan con las concesiones de la televisión, las productoras del CDF, de las tiendas de comida de los estadios, de las empresas de seguridad que contratan a los naranjitos fosforescentes que se ubican en las galerías, de las maquinas que revisan los carnet de identidad, y así con todo lo que tenga que ver con el negocio en que nos han convertido nuestro fútbol, y en algunos casos esos circuitos financieros sobrepasan lo éticamente correcto como lo sucedido con la firma Larraín-Vial, que tiene injerencia en las concesionarias de los dos clubes más populares del país, Azul Azul y Blanco & Negro.
Tampoco se trata solamente de exponer la dicotomía de que los delincuentes no somos los hinchas sino los empresarios, porque dentro de las hinchadas hay muchos cómplices que se han dedicado a vivir de estas redes de corrupción legalizada que son las concesionarias de los clubes. Debemos generar procesos profundos de educación popular que nos lleven hacia una nueva concepción del hincha, identificado con una construcción de valores colectivos más propios de la identidad de su club que basados en una oposición a los clubes archirrivales, en resumen, valores alejados de las lógicas del mercado y sus diversos venenos que generan una rivalidad que no debiera superar los márgenes de la cancha.
Las organizaciones que surjan del seno de los hinchas deben transformarse en espacios de poder popular que demuestren no sólo una crítica hacia el modelo del fútbol negocio o que se acomoden a la legalidad permitida por las leyes del Estado neoliberal, sino que expresen en sus diversas praxis una alternativa concreta de nueva sociedad, es decir, una nueva forma de organizar, ver, jugar y vivir el fútbol.
En esta misma lógica que una de nuestras propuestas en todo club en el que estamos inmersos como Fútbol Rebelde, es que todos los estamentos de los clubes, sobre todo sus principales protagonistas, futbolistas y socios, tengan un rol central en las decisiones de de cada club, par a empoderar al futbolista como trabajador, generador de la riqueza del fútbol, y no solamente como un par de piernas que valen cierta cantidad de dinero.
Desde Fútbol Rebelde estamos convencidos que la recuperación social del fútbol como expresión de organización y asociatividad popular, no vendrá de las buenas intenciones de un sistema corrupto desde su esencia de explotación y dominación, como es el capitalismo. El primer paso es la unidad de los hinchas y socios en organizaciones transformadoras y democráticas que superen la mal entendida lógica de la “barra brava”, para de una vez por todas conseguir la transversalidad que exige una lucha que debemos dar todos los que amamos el fútbol, más allá del color de la camiseta que nos apasiona, exigiendo que el Estado no deje en manos del mercado un derecho social como lo es el deporte y la recreación, el cual no debe depender de si tienes dinero o no para poder acceder a este, ya sea como espectador o como deportista amateur, y conforme con esta lógica de crítica hacia las bases del neoliberalismo, exigir la derogación inmediata de la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) y el regreso de los clubes al control de las organizaciones que representen a sus ex-socios e hinchas, retomando la senda del club como un espacio comunitario, de encuentro y transformación de la sociedad.

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