[Columna] Otro futbol es posible: Zapatistas FC (Parte I)

Primera parte, Por:
Tihui Campos[1], Miguel Ángel García[2], Anayanssin Méndez[3].
“¿Es posible que un jugador se identifique con una camiseta que es un catálogo de ventas?” ―Juan Villoro, Balón dividido
En las playas de Guerrero, en las miles de canchas de futbol llanero de Iztapalapa y en las calles de todo el país, hay niños, niñas y adolescentes que juegan el deporte que menos accesorios necesita y que lo pueden jugar todas y todos. Ya sea en torneos organizados con árbitros, en competencias de barrio, en la calle o en juegos espontáneos, el deporte y la recreación forman una parte muy importante de la infancia y de la juventud de nuestro país.
Aunque esta es una estampa ideal, las cosas han cambiado. Las calles están cada vez más vacías, no hay tiempo, no es seguro o simplemente ya no se sabe patear el balón. Además, la televisión nos muestra un futbol de elite, corrupto, que tiene a las y los jugadores en calidad de esclavos de los dueños de los equipos, al mismo tiempo de ser racista, misógino y sexista.
Ante este obscuro panorama, ¿Existe otro futbol? ¿Es posible cambiar las reglas del juego? Nosotros, los que escribimos estas letras, pensamos que sí, un futbol rebelde, que un futbol incluyente, que un futbol comunitario y justo es posible: Aquí tres postales para explicarlo.

El futbol rebelde
El 15 de marzo de 1999, se jugó uno de los partidos de futbol más rebeldes de nuestra historia contemporánea: la selección de estrellas del EZLN[4] capitaneada por el Comandante Tacho contra los exseleccionados nacionales de futbol encabezados por Javier Aguirre, El Vasco. El duelo se llevó a cabo en el estadio “Jesús Palillo Martínez” de la Ciudad Deportiva, en pleno barrio bravo de la Magdalena Mixhuca, Distrito Federal.
El Ejercito Zapatista se encontraba en la ciudad, en el marco de la realización de una nueva consulta a la sociedad civil, relativa a los Derechos de los Pueblos Indígenas, luego del incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, firmados el 16 de febrero de 1996. Dicha movilización incluyó a cinco mil brigadistas indígenas, la mitad hombres y la mitad mujeres, milicianos y bases zapatistas, que se movilizaron por todo el país.
Para el enfrentamiento, El Vasco Aguirre, convocó a amigos y cuates para formar su propia selección. Acudieron solidariamente al llamado, los hermanos Armando y Agustín Manzo; Luis Flores; Raúl Servín y Rafael Amador, entre otros, quienes vistieron un uniforme azul plumbago, con vistosas franjas diagonales al frente, blancas y amarillas.
Después de cantados los himnos, el Zapatista y el Himno Nacional mexicano, a punto de iniciar el encuentro, el árbitro central detuvo el pitazo, llamando a los capitanes: el partido no iba a poder celebrarse, no por la abismal diferencia de complexión y estatura entre los contendientes, ni tampoco por el hecho de que los zapatistas —como era de esperarse— se negaron a jugar sin pasamontañas; sino por un pequeño detalle: los jugadores del EZLN portaban sus tradicionales botas militares, en vez de los clásicos tenis con tacos.
Se voceó por el sonido local el problemita y surgió, claro, la solidaridad del pueblo mexicano: en 20 minutos se habían juntado una treintena de pares de zapatos de futbol, mismos que los cracks zapatistas se probaron y se colocaron los que mejor les quedaban.
Superado el obstáculo, comenzó el partido. Con el sol a plomo, los zapatistas sudaban a chorros bajo el infame pasamontañas. Pero eso no mermó su entusiasmo. La diferencia de complexión y estatura fue superada por la agilidad y la astucia de practicar en la selva chiapaneca. Así que, contra todo pronóstico, el resultado final no fue tan desigual como hubiera sido de esperarse: 3 goles para las estrellas zapatistas y 5 para los exjugadores profesionales.
En entrevista dada al final del encuentro, el director técnico zapatista —subcomandante Marcos— declaró escuetamente “En realidad no perdimos… sólo nos faltó tiempo para ganar”.
Existe un futbol rebelde, ese que busca la justicia histórica y la paz con dignidad, para las comunidades indígenas y campesinas de nuestro país.

[1] Profesora FFyL UNAM.
[2] Maderas del Pueblo. A.C.
[3] Profesora Cetis 5, Gertrudis Bocanegra.
[4] Ejército Zapatista de Liberación Nacional
Fuente: Liberación México

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