[Columna] Otro futbol es posible: Un futbol justo y con perspectiva de género (Parte II)

Por Tihui Campos [1], Miguel Ángel García [2], Anayanssin Méndez [3].
Durante muchos años la participación de las mujeres en los eventos deportivos como el futbol era meramente ornamental, se dedicaban a preparar la botana y acompañar a sus esposos, padres o hermanos a ver el espectáculo mejor conocido como “El juego del hombre”, pero cuando las mujeres decidieron jugar futbol de manera profesional y “vivir de la patada” se encontraron con declaraciones como las del misógino Joseph Blatter, ex dirigente de la FIFA, quien dijo que si las mujeres querían tener aficionados deberían usar shorts más ajustados.
En México, un país futbolero y machista, sus principales estrellas no se podían quedar atrás, como las acciones que realizó nuestro “ídolo nacional” Cuauhtémoc Blanco, ahora político morelense, quien en un partido agredió a la única árbitra profesional en nuestro país, Virginia Tovar, a quien mandó a lavar los trastes. También Carlos Reinoso y Enrique Borja, en sus años mozos, declararon que “el sexo débil” no debía practicar este deporte ya que era de mucho contacto físico.

Visto desde cualquier ángulo, las mujeres en el futbol se encuentran en absoluta desventaja, son vistas como extrañas, invasoras y en ocasiones como marimachas, a tal grado que para el Mundial Femenil que se realizó en Canadá el año pasado, fue necesario que todas las jugadoras se realizarán una prueba genética para comprobar que efectivamente eran mujeres y no personas transgénero.
Las jugadoras profesionales en México se encuentran en un camino más hostil. Durante las casi dos décadas que Leonardo Cuéllar dirigió la selección femenil —quien inició su carrera como entrenador de futbol en universidades norteamericanas— siempre dio preferencia a jugadoras de padres mexicanos radicadas en Estados Unidos; un aspecto que algunos detractores de Cuéllar siempre utilizaron para decir que el equipo mexicano no tenía identidad. Las diferencias que encontraban las jugadoras de nuestro país en comparación con sus compañeras americanas eran abismales, por lo que su próxima meta no era ser seleccionadas, sino obtener una beca en alguna universidad del país vecino. Sumado a la fuga de cerebros, podemos decir que en México también tenemos una “fuga de piernas” femeninas.
Los malos resultados que recientemente obtuvo la selección femenil tanto en el Mundial de Canadá, donde no se avanzó de fase de grupos, y en el Preolímpico, en el cual no se obtuvo el boleto a Río 2016, provocaron que la salida del entrenador fuera inminente, por lo que esperamos que el próximo o próxima directora técnica dé preferencia a las jugadoras de la recién creada “Liga Femenil de Futbol”, y que en conjunto con promotoras y jugadoras feministas se puedan erradicar prejuicios y seguir en la lucha por un futbol más justo.
El futbol comunitario
Imagínese una colonia cualquiera, donde existe una cancha mitad pasto, mitad lodo donde todos los fines de semana, desde las 7 de la mañana, cientos de niñas y niños de la comunidad se enfrentan en partidos mixtos de una hora, en una eterna liga donde cualquiera puede ser campeón. Los equipos representan a los equipos más famosos del momento: se puede enfrentar el Cruz Azul versus el Real Madrid; se puede ser partícipe de un encuentro histórico que en ningún otro lugar se imaginaria usted ver: El Barsa contra el Toros Neza.
Aquí no importa quien juega mejor, lo importante es que se cumplan las reglas de los entrenamientos: llegar temprano a las citas, traer el uniforme completo, no faltar a los entrenamientos, ser amables con los contrarios, no ser irrespetuoso con el árbitro, hacer caso al entrenador, y a los padres y madres que acompañan a los futuros cracks, y tienen que respetar a la porra contraria. Los equipos casi siempre se conforman de la misma manera: una goleadora o goleador y todos los demás: morenos, flacos, con lentes, gordos, altos, chaparros, con brackets, los que corren rápido, los que corren lento. Una diversidad digna de cualquier encuentro multicultural.
Al final de los partidos, se comparte el agua, la fruta fresca, se ríen de las anécdotas vividas, se hace otra reta, pero ahora los equipos se forman entre familias. Lo menos importante aquí es el marcador, lo importante es que Pepito o Fernanda hagan deporte, y ¿Por qué no? Soñar con verlos jugar un día en la Selección Mexicana. ¿En qué momento se pierden estos valores que nos da el ser comunidad?, Cuando la vida se mercantiliza, cuando de la alegría se hace un negocio, la comunidad desaparece.
Otro futbol es posible, la continuidad, el trabajo en comunidad, el compromiso y no dejarnos llevar por la mercadotecnia puede hacernos cambiar el rumbo de uno de los deportes más nobles. Porque ya lo dijo nuestro querido Jorge Valdano: “El futbol es lo más importante, de lo menos importante”.

 [1] Profesora FFyL UNAM.
[2] Maderas del Pueblo. A.C.
[3] Profesora Cetis 5, Gertrudis Bocanegra.

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