[Columna] ¿Quién quiere ser futboli$ta?: un oficio deseado que pocos conocen

ImagenPor Pollo Swidzinski
¿Qué te gustaría ser cuando seas grande? Pregunta el abuelo al nieto
-Jugador de futbol responde el nene.
La respuesta del chico, con toda su inocencia, remite directamente al juego desconociendo lo que implica la actividad. Por momentos, sueña el reconocimiento del público vivando su éxito deportivo, pero hasta ahí llegará la imaginación de su deseo.
La vida del futbolista se transforma de a poco, a medida que el dinero empieza a jugar, en una vida de engaños y de relaciones sociales-económicas con intereses encubiertos. El dinero es un actor fundamental. Concentraciones, viajes, entrenamientos, cuidado de sus cuerpos, salidas nocturnas, publicidades personales, exposiciones a la prensa… se vuelven puntos de conflicto inevitables.

Las relaciones sociales son mucho, pero mucho, más importante para el éxito de un jugador que sus virtudes como deportista. Los jugadores pactan con los representantes, compañeros, barras, dirigentes, periodistas, técnicos, rivales y hasta empresarios. Es el modo de sobrevivir en un medio que es más acido que los medicamentos que a veces los obligan a tomar los médicos de los planteles.
En un equipo son sólo 2 o 3 los que, como decía mi abuelo, se salen del molde, pero los planteles tienen 30 profesionales que sobreviven de todas las relaciones que decía anteriormente, esos pocos tocados con una barita mágica también viven de todas esas relaciones sociales, solo que dependen un poquito menos.
El futbolista es un mercenario y a veces hasta oficia de sicario. El entorno así lo requiere. La vida laboral es muy corta y luchada. El dinero los mueve, la pasión queda siempre de lado, hasta las raíces se traicionan. Hay excepciones, seguro como en cualquier ámbito, pero son ínfimas en relación a las “traiciones” a la lealtad de los colores.
Generalmente, se muestran como la cara visible del conflicto. El dirigente o representante nunca aparece. Actúan desde las sombras con toda la impunidad. Trazando un paralelismo, el dirigente o representante es el policía a los que nadie controla más que ellos mismos y el jugador, es el pibe que el policía manda a robar. Siempre expuesto, siempre vulnerable, con pocos instrumentos para tener otra opción.
Por todo esto, es triste también lo que le sucede al espectador. En una cancha lejana en algún lugar del país, antes de un partido, un hincha se pregunta ¿por qué juega González de 4 y no el pibe que trajeron del ascenso?
La pregunta obviamente se hace desde los tablones Ignorando que González juega de 4 porque el técnico es dueño de un 5% de una futura venta; porque el padre de González, socio vitalicio, tiene un amigo en la comisión directiva; porque su representante está metido en muchos negocios con el presidente del club y paga a periodistas para que mantengan una buena imagen pública del jugador; porque González es del grupo que se junta a comer con el técnico; porque su novia es amiga de la novia del referente del equipo; González juega porque le paga unos mangos a la barra para que lo pida.
“González” hay muchos por plantel. Lastiman la sinceridad del hincha. El contexto de la situación de “González” es lo que el chico desconoce cuando habla con el abuelo, es la putrefacción del deporte, la aniquilación de lo lúdico, la muerte de lo bello que es patear una pelota. Ser un “González” es faltarle el respeto al fútbol. No serlo, es llevar adelante una lucha contra monstruos mitológicos con una pelota como única arma.
Y después el hincha, descreyendo esta realidad, piensa en esquemas, tácticas y estrategias para mejorar el rendimiento de su ilusión. Después de pagar una entrada, con toda su pasión y sinceridad grita “sacá a González que no puede parar ni el bondi” pero desconoce que el técnico ya lo sabe hace mucho tiempo…
Fuente: http://elfutbolquenoseve.wordpress.com/

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    Fútbol, Ideas y Revolución
    Un entrenador genera una idea, luego tiene que convencer de que esa idea es la que lo va a acompañar a buscar la eficacia, después tiene que encontrar en el jugador el compromiso de que cuando venga la adversidad no traicionemos la idea. Son las tres premisas que tiene un entrenador. Napoleón no era un táctico, sino un estratega. Si tenía que cambiar, cambiaba. Eso vale para el fútbol también.
    Cesar Luis Menotti
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