Entrevista a Juan Sasturain: “El fútbol es un gesto social”

 

Por Fernando Islas- De visita en la Ciudad de México, el escritor argentino, notable exponente de la literatura futbolera, habla en entrevista de una de las cosas que más le gusta discutir: “No sabía que tenía una entrevista, pero ahora bajo en 10 minutos”, dice Juan Sasturain (Gonzáles Chaves, Buenos Aires, 1945) del otro lado de la línea del teléfono de la recepción del hotel en donde se hospeda, en el Centro Histórico. Quien no lo conoce diría que Sasturain tiene pinta de profesor universitario del área de Humanidades. Como sea, su pluma  ha llenado cuartillas de temas diversos y disímiles. Sasturain tiene mucho que ofrecer. De novelas policiacas a relatos sobre futbol, de historietas a columnas políticas.
Acaso el hombre se siente a gusto en cualquier área, menos en la de una cancha de futbol, pues, como él mismo dejó en un aforismo propio de su oficio,  “por eso aún hoy escribo los goles que quise hacer alguna vez y gambeteo las novelas que me cuesta terminar”.
Sasturain es, junto con Osvaldo Soriano (1943-1997) y Roberto Fontanarrosa (1944-2007), uno de los máximos referentes de la llamada literatura futbolera.

Dicen que una buena novela policiaca explica un país…
La policial o la novela negra, con todas sus variantes, es un extraordinario documento de su época. Pasa que en la temática misma, en la presencia de la violencia, en la presencia del dinero y la referencia habitual de las estructuras del poder, te da una forma de acercarte a la vida, a la realidad social, que va directamente al corazón de las cuestiones.  
¿Y qué tanto explica el futbol local un país?
Sí, lo expresa totalmente, ahí sí que la manifestación es casi inmediata, es un gesto social. ¡Cómo juegan al futbol en mi país! Hoy en día la globalización extrema ha modificado un poco las cosas en el sentido de que todo el mundo tiene acceso a toda la misma información visual, todo el mundo aprende a jugar mirando y no sólo en el potrero, cuando uno veía o cuando tenía la experiencia de la pelota y tu rival delante; los modelos de hoy en día circulan universalmente, tantos niños que no tendrán tanto acceso a ESPN, pero están informados. Los de Camerún, como un niño nuestro, tienen los ídolos locales y los ídolos universales. Más allá de eso, la forma de encarar el futbol refleja la naturaleza misma de la cultura del país, porque es parte de esa cultura. En algunos países, pongamos Suiza, probablemente no sea un aspecto revelador, pero no podemos pensar la cultura brasileña, por ejemplo, sin considerar el futbol. Es una expresión cultural en el sentido antropológico de la palabra. En Francia, por ejemplo, la presencia de los emigrantes fue un detonante. El único Mundial al que tuve la suerte de asistir en vivo fue el Mundial del 98, en Francia, y ahí se vio, fue un Mundial de la gente. ¿De qué gente? De esos cinco, seis negros que eran la base del equipo, chicos que provenían de las colonias, que eran resultados de la expansión colonial en Francia. ¿Y quién estaba en la calle? La inmensa mayoría provenía de ese caudal migratorio. Eso me parece extraordinario.
¿Se asume como un divulgador cultural de “géneros menores”?
Yo básicamente lo primero que he sido he sido lector. En eso, borgeanamente, me enorgullezco más de los libros que he leído que los que he escrito. La lectura ha sido determinante para el rumbo que fue tomando mi vida, mi profesión, el momento en el que descubrí que leyendo descubría el mundo y el poder del lenguaje. Uno pretende, en la medida que le gusta leer y descubre que le gusta escribir, y trata vivir de la escritura, trata de vivir de lo que le gusta, eso todos los sabemos y más en nuestros países que no siempre es fácil, entonces tratamos de hacer montones de cosas vinculadas con eso. Terminé Manual de perdedores a los 30 años, pero simultáneamente estuve haciendo muchas cosas, publicando en los medios, trabajando en la industria editorial y escribiendo. Mi generación fue la primera que aceptó que éramos hijos de los medios de comunicación, que los medios de comunicación para la literatura no eran mala palabra, que podíamos utilizarlos. Era un medio como cualquier otro, no les teníamos miedo. Como no le tenemos miedo o prejuicio a estos nuevos medios tecnológicos.
Entiendo que antes hizo pruebas en el futbol…
Soy hincha de Boca, vivía en el interior de la Argentina y conocí Buenos Aires a los 18 años, cuando me fui a estudiar, pero en el pueblo donde yo vivía ya jugaba al futbol. Tenía un tío, que era un dirigente menor de segunda línea de San Lorenzo de Almagro, entonces me fui a probar, pero a los 18 años tienes que ser muy bueno para que te consideren. Me probé y no pasó nada. Me fui a Independiente, tampoco pasó nada. Estamos hablando del verano-otoño del 64. Entonces me fui a probar al Lanús, y en el Lanús anduve bien, estuve practicando con ellos, podía firmar. Pero tenía que estudiar. A las 7 de la mañana, los sábados, tenía clase de latín, así que tenía dificultades, entonces me dediqué a jugar futbol en la facultad pese a que no teníamos un aspecto muy atlético, pero con ese equipo ganamos un trofeo universitario.
De ahí su frase: “Son muchos los llamados y pocos los elegidos”.
El futbol en nuestro país no es una vocación. A mí me preguntan: “¡Cómo fue que dejaste la vocación. Si hubieras sido futbolista, no hubieras sido escritor!” ¡No! No tiene nada que ver, son cosas distintas. La literatura es una vocación, el futbol es un juego. El futbol para mí siempre ha sido importante, y el futbol es una de las cosas sobre las que me gusta escribir.
Usted también escribió que el futbol es un juego infinito…
Una de las cosas más lindas que tiene el futbol es la posibilidad infinita de variables. Los campeonatos más penetrados por el negocio, por el poder económico, son aquellos en algunos aspectos más brillantes y menos interesantes, es decir, donde se refleja en el juego en el campeonato la diferencia de poder adquisitivo de los equipos. Todos disfrutamos viendo la liga española, los grandes jugadores en la liga inglesa, pero son dos o tres que ganan, y más en España, pero en el futbol, en general en nuestras ligas, las variables son infinitas, pero puede ganar cualquiera. O el empate, una de las cosas más lindas que tiene, porque aquí el más débil puede jugar contra el tiempo y conseguir un resultado más allá de su evidente debilidad.
Argentina es subcampeón del mundo. ¿Se renovaron las esperanzas con Tata Martino?
Tata Martino es una persona honesta, como Bielsa, como Pékerman. Uno puede discutir si le gusta más uno u otro, pero el futbol argentino está pasando por una etapa grave. Yo creo que está en decadencia desde hace bastante tiempo. La liga, ni hablar, la liga es horrible. Se juega muy mal. Los partidos son muy feos, algunos equipos intentan jugar mejor. River, por ejemplo ahora está jugando muy bien, pero lo que pasa es que estamos penetrados por varios males estructurales. Pertenecemos a un sistema que tapa, utilizando la terminología económica, una etapa resultadista dependiente, en la cual se impone la ideología de los conductores en detrimento de la calidad del juego. El futbol argentino está en profunda decadencia y uno de los datos es el comportamiento de las juveniles. Esos chicos son moldeados y mecanizados con un criterio utilitario para obtener resultados. Y no veo un síntoma de que eso vaya a cambiar, al menos por ahora. Podemos conseguir resultados. Pudimos ser campeones del mundo en Brasil. Que si la falla de Higuaín, que si Palacio hubiera bajado más la pelota. Bueno, listo. El problema sigue abajo.
Rojitas, héroe de Boca Juniors
Un héroe es aquel que logra lo que uno hubiera deseado hacer. Uno de los arquetipos de los héroes de nuestro tiempo son los  futbolistas. En el espacio de los recuerdos, Sasturain evoca a Rojitas (Ángel Clemente Rojas), ídolo de Boca Juniors de los 60.
“En ese tiempo él era muy joven, tenía prácticamente mi edad. Yo empecé a ver a Boca en vivo en el 64 y Rojitas había recién debutado. Tenía 18 años, más o menos, y era verlo ahí, proyectado en los sueños personales.”
Considerado uno de los mejores jugadores que han vestido el uniforme de Boca, Rojitas fue, para Sasturain, “como muchos de los habilidosos de su tiempo, una llama que se encendió, iluminó y duró lo que tenía que durar. Pasó muy ocasionalmente por la Selección Nacional y vive en la memoria emocionada de los espectadores”.
Dice Jorge Valdano que, como la mayoría de los argentinos, conoció el futbol gracias a la pelota. Acaso a Rojitas le ocurrió lo mismo.
“Más que un jugador inteligente, era un gran habilidoso”, refiere Sasturain. “Si hubiera vivido décadas después, con un futbol más profesionalizado, hubiera sido un Orteguita (Ariel Ortega), otro jugador memorable. No llegó a director técnico, no tenía esa cabeza, pero anda por ahí. No tenía ninguna vocación que no fuera jugar con la pelota. Nada más le interesaba la pelota”.
Fuente: Excelsior (México)

One Response to “Entrevista a Juan Sasturain: “El fútbol es un gesto social””

  • El hecho de presenciar un partido de fútbol no deja de ser un acto social en que todos los que nos rodean tienen las mismas aficiones de ver el partido aunque pertenezcan a equipos distintos.

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